Libro y lectura

Hablando del obispo Berkeley (que, permítanme recordárselo, profetizó la grandeza de América), me acuerdo de que escribió que el sabor de la manzana no está en la manzana misma -la manzana no posee sabor en sí misma- ni en la boca del que se la come. Exige un contacto entre ambas. Lo mismo pasa con un libro o una colección de libros, con una biblioteca. Pues ¿qué es un libro en sí mismo? Un libro es un objeto físico en un mundo de objetos físicos. Es un conjunto de símbolos muertos. Y entonces llega el lector adecuado, y las palabras -o, mejor, la poesía que ocultan las palabras, pues las palabras solas son meros símbolos- surgen a la vida, y asistimos a una resurrección del mundo.

Borges. Arte poética, seis conferencias (1968).

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7 thoughts on “Libro y lectura

  1. ¡Cómo se nota el que está en la universidad: tiempo para leer, para estudiar, para hacer comentarios de nivel en blogs como este…! ¡Qué envidia!

  2. Lo que dice Borges es un anticipo de la Teoría de la Recepción: la literatura no existe sin el lector; un libro cerrado es la nada, hasta que un autor lo abre y lo lee.
    Pero claro, antes de Borges ya lo había dicho Skakespeare -a quien por supuesto el primero ha leído con avidez- en el pareado final de su soneto 18:
    “So long as men can breathe or eyes can see, / So long lives this, and this gives life to thee.”

    Mientras los hombres respiren o los ojos vean, / esto vivirá y a ti te dará la vida.

    Juan Ángel, me alegro de verte por aquí. A Alejandro Llano habrá que traerlo por Jaén el 2010, ¿no?
    Saludos desde Utopía

  3. Gracias de nuevo Juan Angel. Si sigues a este ritmo, tendré que nombrarte administrador del blog.

    Anónimo, gracias por la cita. Que nos visite CSL siempre enriquece el blog.

  4. Palabras de C.S Lewis en “La Experiencia de leer” Ed.Alba.

    “La experiencia literaria cura la herida de la individualidad sin socavar sus privilegios. Hay emociones colectivas que tambien curan esa herida,pero destruyen los privilegios. En ellas nuestra identidad personal se funde con la de los demás (….) en cambio cuando leo me convierto en mil personas sin dejar de ser yo mismo”

    “veo con una miriada de ojos, pero sigo siendo yo el que ve”

  5. Amancio Ortega, su biografía.

    La semblanza trazada por Covadonga O´Shee en esta obra supone una aportación importante al descubrimiento de esta sencilla personalidad de empresario. Da unos toques claros que acaban reflejando su figura, pero falta un tratamiento más hondo de la moda, la empresa, la la responsabilidad social corporativa. En síntesis podemos decir:

    > Amancio Ortega es una personaje sencillo. Elije un buen huerto en lugar de un jardín francés para su pazo.
    > Responsable de la creación de muchos puestos de trabajo. No tuvo inconveniente en regalar un paquete de acciones a cada empleado cuando la sociedad empezó a cotizar en bolsa.
    > Genial en la concepción del negocio. En lugar de imponer la moda, ofrece a cada persona lo que ésta necesita. Para conseguirlo establece una logística de primer orden y un gabinete sociológico de vanguardia.

    Él mismo declara que las cosas sencillas y simples son las más importantes y que a base de mucho trabajo ha procurado hacerlo así en Inditex.

    Después añade datos de la empresa, marcas y algunos detalles familiares, que cualquiera de nosotros hubiera podido aportar.

  6. Gracias por tu comentario, se ve que un libro con fondo. Yo le conozco personalmente y me parece una persona brillante y con buenas ideas. Por una cosa u otra, nunca me he animado con sus libros.

  7. Olor a yerba seca, memorias de Alejandro Llano.

    Creo que disfrutaría escribiendo mis memorias –esa reflexión sobre los años pasados, recordados con añoranza- pero quizá no lo haga por un doble motivo: no tengo nada en mi vida que pueda interesaros y no sé escribir. Pero no le ocurre lo mismo a Alejandro Llano, sus memorias son un recorrido del mayor interés por la historia reciente de España, y además están magníficamente escritas.

    Aunque Alejandro Llano es muy conocido les recuerdo, a los posibles lectores, algunos hitos de su vida: Catedrático de Metafísica en 1976, se incorpora a la Universidad de Navarra en 1977, dónde ejerce los cargos de Decano y Rector. Y uno de los filósofos españoles más reconocidos. Por si fuera poco, ha escrito más de una docena de libros, algunos de gran influencia, como La nueva sensibilidad, un estudio filosófico de la prospectiva social española, que dio en la diana.

    Quedé enganchado a Olor a yerba seca en el primer capítulo. También pasé, acompañando a su hermano Nacho, la prueba de la espeleología en las grandiosas cuevas de Ribadesella. En una terrible mañana de invierno nos rebozamos en barro, nos perdimos y me llené de angustia. En cuanto logré abocar la salida prometí abandonar definitivamente la espeleología, y es un propósito que no he tenido que renovar. Después leer el libro fue coser y cantar, porque las circunstancias son muy paralelas a las de mi vida: universidad en los mismos años, etc.

    Hay un poso en la vida de Alejandro que impresiona: su trabajo intelectual, su coherencia vital, su capacidad de sacrificio y su agudeza para la relación. Junto a este fondo, el recorrido por la revolución estudiantil del 68, la transición política, las oposiciones a cátedra y las luchas ideológicas en la universidad, que no han hecho más que agrandarse. La corrupción y la decadencia del socialismo, la defensa del nombre de la Universidad de Navarra y el padecimiento del terrorismo de ETA. Y además un montón de anécdotas, para mí totalmente desconocidas y jugosas.

    Queda patente siempre el buen hacer profesional tanto en su labor como profesor, como decano o como rector. Pero quizá dónde más luce es en su relación con los filósofos destacados del momento, que sabe buscarlos, tratarlos y admirarlos.

    Es más sencillo y más gratificante leer unas memorias de otro, cuando tienen la densidad de éstas, que intentar escribir las propias, que quizá no las lean ni en nuestra propia casa. Así que ya tienen mi consejo: compren y lean, que me lo agradecerán.

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