Catón

Collectio distichorum vulgaris (Disticha Catonis)
Máximas de dos versos (Dísticos de Catón)

Prólogo

Recuerda lo que has leído.
Da consejos seguros.

Liber III, 18
Lee mucho, y descuida mucho de lo que leas:
son bellos, pero inciertos, los cantos del poeta.

Autor: Javier Cercas Rueda

En 1965 nací en Sevilla, donde he vivido casi treinta años con un pequeño paréntesis de cuatro en Jerez. En 1994 me trasladé a Granada, donde sigo desde entonces. Estudié Economía general, he vivido once años de mi vida en Colegios Mayores, y desde 1995 hago crítica de libros y he mantenido diferentes relaciones con el mundo de la comunicación. Entre las cosas que me hacen más feliz están mi familia, mis amigos, los libros que he leído y haber subido en bici el Galibier. AVISO IMPORTANTE Conviene volver a recordar que el autor de estas entradas, Francisco Javier Cercas Rueda (Sevilla, 1965), que firma sus escritos como Javier Cercas Rueda (en la foto a la derecha) y José Javier Cercas Mena (Ibahernando, Cáceres, 1962), que firma los suyos (como Soldados de Salamina) como Javier Cercas, somos dos personas distintas.

2 opiniones en “Catón”

  1. Seducidos por la muerte
    Acaba de aparecer la traducción española de Seducidos por la muerte, de Herbert Hendin, Planeta, Barcelona, 2009. Es un análisis de la aplicación de la ley de eutanasia en Holanda. La primera impresión que uno recibe al iniciar la lectura es que la decisión sobre la propia muerte no se trata de un acto individual, porque se ven implicados los médicos, los familiares, las leyes, etc. En definitiva, es un asunto que, además de la dimensión ética, tiene un impacto social y político importante.
    En las páginas siguientes se pone de manifiesto la dificultad de controlar adecuadamente la aplicación de la ley, porque la mayor parte de la información la deben aportar los médicos, que por falta de tiempo o por evitar implicarse en un proceso judicial, optan por no informar a nadie.
    Les aconsejo la lectura, aunque hay que acudir preparados, porque al descender a casos concretos uno se encuentra con situaciones muy dramáticas. Ya en la página 21 se recoge: “Cuando el suicidio asistido falla, como ocurre con frecuencia, los familiares y el médico intervienen más activamente: los familiares con bolsas de plástico para ahogar al paciente; y los médicos con inyecciones letales”. Casi se llega a comprender que se haga así, que se pueda perder el control al fallar el plan previsto, pero las leyes deben ejercer una función pedagógica, no conducirnos por una pendiente resbaladiza, para ahogar al abuelito con la bolsa del super de la esquina.

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