El silencio, música de la prosa

¿Cuánto hay de su experiencia personal en su escritura?
W. F: No sabría decirle. Nunca lo he calculado. Porque no importa «cuánto». Un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación, y dos de ellas —a veces incluso una— puede suplir la falta de las otras. En mi caso, una historia suele empezar con una sola idea, recuerdo o imagen mental. La escritura de una historia es sencillamente una cuestión de trabajar hacia ese momento, explicar por qué ocurrió o qué hizo que sucediera después. El escritor intenta crear personajes verosímiles en situaciones emotivas y verosímiles de la manera más emotiva de la que es capaz. Obviamente tiene que usar el entorno que conoce como una de sus herramientas. Diría que la música es el medio más sencillo con el que expresarse, ya que apareció primero en la experiencia y la historia de la humanidad. Pero dado que lo mío son las palabras, tengo que intentar expresar torpemente en ellas lo que la música pura habría hecho mejor. Es decir, la música lo expresaría mejor y de manera más sencilla, pero yo prefiero utilizar palabras, ya que prefiero leer en vez de escuchar. Prefiero el silencio al sonido, y la imagen producida por palabras se da en silencio. Es decir, el estruendo y la música de la prosa se dan en silencio.

……….
Ha mencionado que la experiencia, la observación y la imaginación son importantes para el escritor. ¿Incluiría la inspiración?
W. F: No sé nada sobre la inspiración porque no sé qué es; he oído hablar de ella, pero no la he visto nunca.

Entrevista a William Faulkner en Paris Review, 1956.

Autor: Javier Cercas Rueda

En 1965 nací en Sevilla, donde he vivido casi treinta años con un pequeño paréntesis de cuatro en Jerez. En 1994 me trasladé a Granada, donde sigo desde entonces. Estudié Economía general, he vivido once años de mi vida en Colegios Mayores, y desde 1995 hago crítica de libros y he mantenido diferentes relaciones con el mundo de la comunicación. Entre las cosas que me hacen más feliz están mi familia, mis amigos, los libros que he leído y haber subido en bici el Galibier. AVISO IMPORTANTE Conviene volver a recordar que el autor de estas entradas, Francisco Javier Cercas Rueda (Sevilla, 1965), que firma sus escritos como Javier Cercas Rueda (en la foto a la derecha) y José Javier Cercas Mena (Ibahernando, Cáceres, 1962), que firma los suyos (como Soldados de Salamina) como Javier Cercas, somos dos personas distintas.

7 opiniones en “El silencio, música de la prosa”

  1. Bueno, Javier, te he hecho caso y me he puesto manos a la obra. Ya tengo blog. Muy pocas entradas por ahora. me gustaría que te pasaras por allí y que, por favor, me dijeras cómo ir mejorándolo.
    Hago extensiva la invitación a todas y a todos los que frecuentais este gozoso punto de encuentro. La dirección es
    http://eugenioolivares.blogspot.com/
    Saludos desde Utopía.

  2. Es uno de los escritores más importantes del s.XX y seguramente de la historia. Su manera de contar las historias es fascinante. Sus personajes están llenos de pasión y violencia.

    Aquí tienes información básica, para situarte.

    wiki de Faulkner

  3. La respuesta de Faulkner, va más allá de la pregunta que, a mi juicio es un tanto simplista, y apunta en otra dirección. Dejando a un lado la comparación con la música que, a mi juicio es magistral y da idea de su talla como artista, el resto refleja esa concepción del literato como un trabajador de las palabras. Habla Faulkner de imaginación, observación y experiencia, como sus materiales de trabajo: arcilla, piedra, cemento, argamasa. La inspiración es casi una ofensa, algo del pasado, cuando los artistas eran seres escogidos por Dios o los dioses. Lorca decía que era poeta por la gracia de Dios o del demonio, pero también por su esfuerzo. Dylan Thomas, el poeta galés, describía su poesía como “my craft or sullen art”, “mi arte, manual y triste”. Lo mismo Seamus Heaney, que compara su poesía con el trabajo de un albañil. Esfuerzo, dedicación, sacrificio. Y, sin embargo, ese chispazo en unos y no en otros parece escapar toda mesura, y tiene que calificarse con un término tan irritante como “talento”.
    Saludos desde Utopía.

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