Askildsen

Veo que se siguen publicando en España libros de este autor. Yo lo leí un poco en 2006 y le veo cosas interesantes. Desde luego el estilo. Pero por una cosa o por otra no he vuelto a cogerlo.

Leí Los perros de Tesalónica y Ultimas notas de Thomas F. Para la humanidad.

Askildsen (Noruega, 1929) seguramente opina, como uno de sus personajes, que “ya hay demasiadas palabras en circulación por el mundo”, y por eso escribe libros muy cortos de relatos muy breves. Los que se han publicado hasta ahora en España han llamado la atención, y en poco tiempo lo han convertido en una especie de escritor de culto, a la altura de sus compatriotas Ibsen y Hamsun. Enseguida han aparecido las comparaciones con Hemingway y Carver, con Kafka y con Camus. De los primeros hereda la naturalidad, la atención a lo cotidiano, el estilo directo y fresco, de los segundos la visión pesimista de una condición humana condenada a la soledad, la insolidaridad y el vacío.

Los relatos de Los perros de Tesalónica giran en torno al universo familiar. Parejas aburridas, deseos incumplidos de ser entendido, pulsiones reprimidas de índole sensual, rutina asfixiante y cinismo. Nunca pasan grandes cosas y no hay truculencias ni detalles morbosos de ningún género, sí una tensión e intensidad crecientes en cada pieza que provocan la urgencia por saber. No se trata de una literatura de entretener, de informar, de divertir, sino de provocar impresiones que están más en el ambiente de conjunto que en la individualidad narrativa de cada pieza.

En Ultimas hay también relaciones familiares difíciles pero el acento se traslada ahora a los sentimientos en la vejez. Soledad, miedo a la muerte, la auténtica importancia que se da a cada cosa, cómo enfrentar los últimos años, balance. Thomas es un tipo misántropo y pesimista que se va chocando con los demás en cada relato, su hermano, su hijo, su hija, un amigo, unos desconocidos, una vecina, etc, y que se extraña de no haber alcanzado a desprenderse de las ilusiones. Para él religión y superstición son la misma cosa, toda su esperanza frente al desengaño se cifra en no esperar nada de nadie y se agarra al instinto de conservación para no desaparecer voluntariamente. No es precisamente animante pero en conjunto, es un libro más logrado que Los perros de Tesalónica.

Ya conocíamos de otros autores escandinavos algunos elementos de la inconvivencia nórdica (frialdad, egoísmo, incomunicación) y sus consecuencias, sobre todo cuando se mezclan con ausencia de sentido trascendente (alcohol, suicidio). Askildsen los potencia por el tono y el estilo. Minimalista de forma y de fondo, frío, áspero, sin adornos, sin ninguna irrupción del narrador, sin comentarios, sin explicaciones, hechos desnudos que muestran por si mismos. Es un notario ácido y vitriólico, no un moralista, no tiene soluciones. Su lectura provoca el pellizco que distingue a la buena literatura, en este caso para desasosegarnos y hacernos preguntas, casi siempre para intentar no ser como sus personajes.

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