Decepción

Los La Monnerie y los Schoudler reunen entre sus miembros una representación de los que verdaderamente cuentan en el París (y, por tanto, en Francia) de entreguerras. Manejan los hilos del poder, la nobleza (el nombre), las finanzas, la Academia (las letras); son políticos, banqueros, militares o poetas, y todos ells ricos y autoconscientes de continuo de su posición.

En este primer tomo de la trilogía de Druon que obtuvo el Goncourt en 1946, se cuenta el final de varios La Monnerie, los más ancianos. La cercanía del final acrecienta en todos ellos el deseo de la gloria. Sin el prestigio de la historia, ninguno de sus logros en vida habrá valido verdaderamente la pena.

El libro vale como retrato de época y es entretenido y variado como casi todas las sagas familiares bien escritas. Su escaso peso y valor proviene de la mínima altura moral de los protagonistas. Muchos son mezquinos y se dejan llevar de continuo por envidias, venganzas y bajas pasiones. Intrigan con su poder en busca de caprichos y placeres personales. No son mucho mejores los personajes secundarios, alguno de ellos francamente desagradable. Salvo la alusión a algunas intimidades matrimoniales de mal gusto, la historia es cuidadosa formalmente, evitando un lastre más a la pobre impresión que produce le gran monde aquí mostrado. La trascendencia es para ellos una pose cultural, un convencionalismo formalista necesario para parecer comme il faut. No hay convicciones sinceras ni grandes valores.

El libro se completa con La caída de los cuerpos y Cita en el infierno y forman los tres una auténtica historia en tres partes que no es, con justicia, por la que se conocerá a Maurice Druon (1918-2009).

Personalmente no creo que siga con las siguientes partes.

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