Glattauer

La literatura romántica epistolar está muy inventada. Ahora pienso en la corrosiva historia de Laclos o en nuestra Pepita Jiménez. Glattauer explora la comunicación de sentimientos por e-mail.Leo y Emmi contactan por un equívoco y nace una amistad. Ni se conocen ni, en principio, quieren hacerlo. Prefieren disfrutar del ideal. Una relación empezando por el final. Sólo sentimientos y emociones. Pura intimidad.¿Es posible sólo la amistad entre un hombre y una mujer? ¿puede el matrimonio (Emmi está casada) -si es verdad que sólo es rutina, conocimiento total, falta de sorpresas- competir con la aventura -pasión, misterio, idealización-?Ellos se encuentran a gusto con una idea, que puede ser perfecta. Ningún ser humano de carne y hueso, en cambio, puede competir contra eso.

Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente. Dice uno de ellos.

¿Se verán o no?

La historia engancha y seguramente leeré la segunda parte, Cada siete olas, que ya ha salido. creo que es una buena aproximación, realista e inteligente, a cómo funcionan las cosas entre hombres y mujeres.

Unas líneas para que vean de qué va. Escribe el marido de Emmi al borde del colapso:

Usted no es concreto, señor Leike, no es tangible, no es real, es tan sólo una fantasía de mi mujer, ilusión de dicha infinita de los sentimientos, éxtasis apartado de la realidad, una utopía de amor hecha de letras. Contra eso no puedo hacer nada, tan sólo esperar a que el destino sea clemente y acabe convirtiéndolo en una persona de carne y hueso, en un hombre de perfiles definidos, con virtudes y defectos, con puntos sensibles. Hasta que mi mujer no pueda verlo a usted como me ve a mí, como un ser vulnerable, una criatura imperfecta, un ejemplar de la defectuosa especie humana, hasta que no se encuentre usted con ella cara a cara no dejará de ser superior. Sólo entonces tendré la posibilidad de plantarle cara, señor Leike. Sólo entonces podré luchar por Emma.

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