Contar una historia

 

Si el escritor entiende que las historias son ante todo eso, historias, y que el mérito de las mejores es dar origen a un sueño vívido y continuo, raro será que no se interese por la técnica, ya que la mala técnica es lo que más rompe la continuidad e impide que dicha ilusión se desarrolle. Y no tardará en descubrir que cuando manipula deslealmente lo que escribe –forzando a los personajes a hacer cosas que no harían si se vieran libres de él; introduciendo demasiado simbolismo (con lo que disminuye la fuerza de la narración al quedar excesivamente dirigida al intelecto); o interrumpiendo la acción para moralizar (por importante que sea la verdad que desee predicar); o «inflando» el estilo hasta el punto de que éste destaque más que el más interesante de sus personajes–, el escritor, con estas torpezas, estropea su creación.

John Gardner, Para ser novelista

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5 thoughts on “Contar una historia

  1. Realmente son demasiadas cosas a las que tiene que renunciar el escritor para no distraer al lector del transcurrir de la historia, pero encontrar el equilibrio justo esa una tarea inmensa.
    Gracias por recordarlo.
    Un saludo.

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