Ni quito ni pongo rey

Este libro forma parte de mi pequeño olimpo particular de novela histórica. Recuerdo perfectamente cuándo, cómo y por qué lo lei, con quien lo comenté y cúanto lo disfruté. Es de 1984 y en 2005 lo reeditó Armas Tomar, una pequeña editorial ya desaparecida. Después de buscarlo por tierra, mar y aire termino recurriendo a Internet y me lo mandan desde Barcelona. Nuevo, 7 € (más gastos de envío) por una extraordinaria historia de 600 págs.

Pedro I el Cruel reina en Castilla y su hermano bastardo Enrique de Trastamara quiere arrebatarle la corona. Navarra y Aragón, en la península, están dispuestos a ayudar a uno u otro según les convenga en cada momento. Portugal y Mallorca también jugarán su pequeño papel. Pero el tablero fundamental de la partida está más al norte: Carlos de Valois se lame las heridas (Crezy, Poitiers) y se prepara para desquitarse de los ingleses, presentes ahora en Aquitania (Guyena). Mientras tanto, quiere quitarse del país a las Compañías de soldados profesionales que, aburridos, asolan las tierras de Francia. En una jugada a 10 bandas, Bertrand du Guesclin recibe el encargo de llevarlas a Castilla y ponerlas al servicio de Enrique. El Papado, en Avignon, como todo el mundo aquí, no dice ni que si ni que no a la empresa.

Esta historia empieza en diciembre de 1365 y termina en Montiel, del modo que ya conocemos, en marzo de 1369.

El libro me parece tan apasionante como la primera vez que lo lei. La compleja trama política está muy bien contada y Tomás Salvador acierta al trasportarnos vívidamente a una época con unos valores y una cultura que no son los nuestros. El castellano empleado (que nunca es una dificultad: riba por orilla, o feble por débil) ayuda bastante. Al final es lo de siempre, el poder y las riquezas, pero también la lealtad y el honor, vividos de una forma que hoy es desconocida.

Cuarenta años más tarde de los hechos referidos, un juglar nos cuenta este episodio de la historia de los maladrines, así llamados en España, mercenarios a sueldo pero con un señor natural, que se entretuvieron unos años en Castilla mientras los Valois y los Plantagenet se tomaban un descanso.

La breve andadura de Armas Tomar ha servido al menos para poner de nuevo este libro en circulación. Aunque sea tímidamente. Así que les perdonamos el tamaño de la letra y el pésimo mapa del principio.

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