Cheever, el notario de la mediocridad

CHEEVER_Cuentos_RBACheever es el Balzac de la clase media norteamericana de los cincuenta. Un relato-tipo suyo es algo así: familia acomodada que vive en zona residencial de clase media, precisa y breve presentación de personajes, el o los protagonistas descubriendo por qué no son felices, crisis o conflicto (que no necesariamente se resuelven en algo al final) y resolución (con frecuencia abierta). Todo en un estupendo estilo realista, limpio, clásico y tranquilo.

La insatisfacción del mundo que él ve se relaciona casi siempre con el egoísmo. El matrimonio ya ni intenta comunicarse y se buscan aventuras fuera, hay una exagerada preocupación por el dinero y mandan los convencionalismos sociales, asfixiantes y adictivos al mismo tiempo. La felicidad se considera una quimera y es frecuente que sus personajes, a pesar de las apariencias, en un momento u otro estén muy cerca de dejarlo todo. Sus relatos están poblados de gente vacía, sola y llena de miedos. Supervivientes de un naufragio que no ven playa por ninguna parte.

Maestro de la presentación de situaciones y personajes y de la descripción, brilla menos en los diálogos. Muchos de sus personajes resultan difíciles de olvidar (incluso algunos secundarios). No juzga ni saca conclusiones, no hay ironía, ni humor, ni pesimismo, ni estridencias argumentales de ningún tipo. Su visión no resulta alentadora pero tampoco destructiva. Mira, describe y alerta, esto último sin un propósito declarado.

Le preocupan cuestiones de fondo como la lucha entre el espíritu y la carne, los impulsos autodestructivos, las dificultades de la convivencia (en particular el áspero combate matrimonial) o el problema de la culpa. No es un moralista (en el sentido del XVII francés) pero sus narraciones muestran cómo, por ejemplo, no nos consuela que el mal lo hagan muchos (El ladrón de Shady Hill); o nos propone alternativas esperanzadoras (aunque estrambóticas) como la del protagonista de La geometría del amor, que intenta racionalizar lo irracional, “el amargo acertijo que es el amor”, a través de las matemáticas (a falta de religión y filosofía); o muestra que no es cierto que toda apariencia de felicidad sea sospechosa (El gusano en la manzana); o presenta las consecuencias de no aceptar nada de lo que se tiene (Adiós, hermano).

Estos relatos se publicaron en 1978 conteniendo las 5 recopilaciones hasta entonces en la calle (con historias que, a su vez, habían aparecido individualmente en revistas) más cinco relatos más, sesenta y una piezas en total. Ya las publicó en España Emecé en 2006 en dos volúmenes. No son propiamente los cuentos completos de Cheever (1912-1982), pues hay –al menos- otros tantos más, pero sí los mejores, considerablemente más valiosos que sus cuatro novelas y por los que sin duda es considerado un clásico indiscutible de las letras norteamericanas.

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