Auster. Informe del interior

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Auster lleva años de sequía imaginativa y tira de lo que tiene. Otro libro de memorias. Tan interesante, o más, que el anterior. En aquel nos habló sobre el arte y el envejecimiento, ahora sobre su infancia y primera juventud y sobre el deseo de escribir.

Cuatro piezas independientes, que suman un retrato de alguien acostumbrado a mirarse a si mismo, al silencio y a la introspección, que sabe qué ha hecho, cómo le ha influido y porqué. Que lo sabe y sabe contarlo. Estampas de infancia, el efecto de dos películas, Lydia (su primera esposa).

Hay un buen número de cosas interesantes:

Ahora sabes lo profundamente desdichada que era tu madre, y también sabes que a su modo titubeante tu padre la quería, es decir, en la medida en que era capaz de querer a alguien, pero ambos hicieron una chapuza, y formar parte de aquel desastre cuando eras niño sin duda hizo que te replegaras sobre ti mismo, convirtiéndote en un hombre que se ha pasado la mayor parte de su vida a solas en una habitación.

(…) te enseñaban que todo lo norteamericano era bueno. Ningún país podía compararse con el paraíso en el que vivías, te decían tus maestros, porque aquélla era la tierra de la libertad, de la oportunidad, (…).

La idea de Dios, la culpa.
La aparición de la conciencia.
El descubrimiento del mundo y de las desigualdades sociales.
Wells, Holmes, Edison; los judíos; el béisbol y la lectura; el colegio.
El descubrimiento del gris, por ejemplo, con relación a los indios, primeros pobladores de América.
Identidad. Norteamericano. Judío. Antisemitismo. Simpatías hacia el perseguido: indio, africano o judío.
El hombre tiene secretos. Difícil conocer a nadie. Refugio en los libros (ahí todo sale a la luz).
El interés por la política (marxismo).
Alcohol.
Semanas de extasiada indolencia en París. Leer, escribir, dormir, pasear. La incertidumbre del futuro. Depresión.
¿Columbia? ¿dedicarse al cine? Traducciones. Conseguir dinero.

A todo mi alrededor veo… mezquindad, estupidez, hipocresía… En consecuencia, veo que me vuelvo intolerante, y, para no ofender a nadie, me retiro de la sociedad. Me aborrezco a mí mismo por lo que me parece una falta de paciencia con los demás, pero no puedo hacer nada para remediarlo…

Y al mismo tiempo ansío querer y que me quieran, sabiendo que es imposible… Creo, de una manera profunda, que he huido de la realidad. Paso la mayor parte del tiempo escribiendo o pensando en escribir. Personajes, situaciones, palabras, en eso me he convertido, me muevo en un mundo vago de colores, sonidos… cambiantes, desprovisto de palabras y sentido. Pero a la vez estoy convencido de que la vida es más importante que el arte….

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