Lenz. El desertor

El manuscrito de esta segunda novela de Lenz, que data de 1951, no llega a publicarse hasta el año pasado, dos después de la muerte del prolífico y sólido autor alemán. No fue oportuno en ese momento (“por razones patrióticas”) sacar a la luz la historia de un soldado de la Wehrmacht que se pasa al Ejército Rojo soviético en el último verano de la Segunda Guerra Mundial. El asistente Proska se incorpora al frente oriental. El calor, el aburrimiento, sus amores con la polaca partisana Wanda y las conversaciones con el filosófico Wolfgang (el bien, el mal, la libertad, el sinsentido de la guerra) estimulan su conciencia y decide pasarse al enemigo. El clima diario de la unidad alemana anticipa el asfixiante Corazón en las tinieblas conradiano.

La carga simbólica de las peripecias de varios militares muestra la rica ambición creadora de un joven escritor, pero castiga al mismo tiempo, por su oscuridad, el nivel de interés que un lector común puede llegar a tener por Proska y los que están con él.

Están lejos aún los años de sus mejores novelas (Lección de alemán, Campo de maniobras, etc), escritas cuando llega a poseer el dominio de los originales puntos de vista elegidos y controla los ritmos del relato de forma maestra. No es cierto, como se dice en la publicidad que acompaña a la edición, que El desertor esté a la altura de ellas, pero es un relato -un duro y triste alegato antibelicista- que se deja leer y demuestra que es un autor interesante desde sus inicios.

Cejas. 8 historias sin vergüenza

Este breve libro lo publicó Cejas un año antes de morir y está en la línea de las historias recogidas en Cálido viento del Norte y El baile antes de la tormenta. Estas son más fuertes. Gente que toca fondo con problemas graves (drogas, prostitución, robo, adicciones, satanismo, alcoholismo, etc) y sale adelante con el empujón de algún amigo y la acción de Dios dentro de ellos. Están contadas en primera persona, en forma de entrevista, y son testimonios valiosos y fidedignos. El mensaje final es que nada está escrito, siempre llevamos las riendas de nuestra vida.

Luis Piedrahita. El castellano es un idioma loable, lo hable quien lo hable

Sólo conocía un monólogo suyo, el de la maleta, que me hizo mucha gracia. Este libro es una especie de antología del disparate sacada de etiquetas, folletos de instrucciones, prospectos de medicamentos, listas de ingredientes y cosas así. El conjunto se hace demasiado largo pero es divertido, aunque sea para picotear de aquí y de allá.

El asunto se hace repetitivo, pues casi todo viene de malas traducciones. El texto que va explicando todo –más valioso- es de un humor amable y ocurrente, trabajado, personal y original, que huye de lo fácil (negro, verde o marrón). Hay elegancia e ingenio.

Para pasar el rato.