JOYCE. Mi diario de lectura del Ulises

¡Ya está! ¡lo he hecho! Lo empecé. Decenas de artículos estos días sobre el centenario del paseo, algunos de ellos provocadores (del tipo “nadie medianamente culto puede no haberlo leído…”: no necesito más) y todos entusiastas. Impostergable. Cualquiera que siga los culturales (es decir, pocos) debe sacar la impresión de que todo el mundo (que escribe en los culturales, es decir, pocos) lo ha leído. Mi idea hasta ahora era que se trata de un libro que, en algún momento, hay que leer. Idea acompañada de un barrunto tan meridiano de que no me va a gustar que nunca he podido llevarla a la práctica. Tiro de mi archivo y refresco que hace unos pocos años se llevó a cabo la tercera traducción al castellano y que está en Cátedra. A por él.

Novecientas páginas más ciento ochenta (casi un libro) de introducción. Primera parte (caps 1 a 3, 60 págs), Tercera parte (caps 16 a 18, 170 págs). Terminado el capítulo 13 habré llegado a la mitad del libro. Esta planificación es sólo por animarme un poco. Plan de lectura: leer un capítulo y, a continuación, su explicación en la introducción, clarificadora como compruebo desde el principio.

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Borges

Me voy una semana fuera y me llevo el tercer tomo de sus Obras Completas, edición del Círculo de lectores. Siempre me deja un poco frío pero me entusiasma su castellano. Juega en otra división. Malabarismo literario de un genio. Sin emoción. Sin vida. Libros sobre libros, sobre ideas, no sobre hombres. Asepsia. Culturalismo libresco. Imposible no admirarle aunque difícil amarle.

Kafka y su padre

Rescato esta nota:

Termino la lectura de la Carta al padre de K. Texto breve y cómodo que admite lectura en la pantalla del ordenador. Aún no he llegado a entender la importancia fundante e indiscutida de este autor. He leído pacientemente y sin gusto sus novelas (Proceso, Castillo, América), algunos de sus relatos (que algunos, ej. Marías, encuentran mejores que las aquellas) y ahora esto. Dicen que lo mejor son los Diarios. Esta carta explica mucho de su personalidad, que se me ocurre resumir en una palabra: inseguridad. Llevada al límite, hizo necesaria la intervención motu propio de Brod para que nos llegara su obra. Padre autoritario, insensible, duro en extremo con los demás, sin ninguna confianza en/con su hijo. Hijo débil, falto de confianza en sí mismo, con sentimiento de culpa, constantemente humillado por un padre al que sólo se dirige tartamudeando. K miedoso, vacilante y desconfiado, víctima de la tiranía psicológica de papá K.

Copio:

“A veces me imagino el mapamundi desplegado y tú extendido sobre él de parte a parte. Y me parece entonces que para mi vida sólo pueden tomarse en consideración aquellos lugares que tú no cubres o que no están a tu alcance. Y esos lugares, de acuerdo con la idea que tengo de tu tamaño, son muy escasos y nada confortantes, y particularmente el matrimonio no se encuentra entre ellos”.

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