Tres rosas amarillas

Tres rosas amarillas. Espacio desde hace meses el último Carver que me queda. Irrumpe en una situación corriente, plantea una tensión, tan real, bien contada y dialogada que no parece en nada literatura, estás ahí, entras con una cámara en la vida real, vives y sientes un rato con los personajes y fin. Fin de esa secuencia, no de la vida ni de los personajes. Es una estampa. Creo que debe ser muy difícil escribir así. Por eso es grande. (Releo el párrafo y no encuentro ninguna idea interesante que explique a Carver).

Diarios de Gide

Algunas notas sobre sus Diarios:

Gide sufre. Se siente superior (en algún aspecto lo era). Hipersensible. Excelentes retratos de caracteres en cinco líneas. Especialísima atención a lo que se escribe en Francia y mucho menos a lo exterior. Seducido por comunismo y por Rusia. Cristianismo enemigo de sus impulsos: solución, el cristianismo yerra. Llega a necesitar hacer apología de sus impulsos (esta convencido de que Corydon era necesario). Lástima de lúcida inteligencia dominada por los instintos. Familia y religión enemigos del progreso. Lo importante lo que siento, el artista se viste sentimentalmente “a medida”.

Umbral


Ha muerto Umbral. Uno de los escritores más geniales, inclasificables, independientes y corrosivos que nos quedaban. Un maestro del idioma, inventor de vocablos y retorcedor de frases. Con legión de imitadores. Cogía la idea, la aplastaba con palabras y nos sorprendía una y otra vez con usos deslumbrantes de la lengua. Nunca me ha llamado la atención leer sus novelas y las he aparcado sistemáticamente con miedo, creo que bastante fundado, a quedar defraudado. También he procurado seguir siempre bastante de lejos al personaje, con algunas ocurrencias graciosas pero con demasiado frecuentes salidas de tono, como cuando hizo unos experimentos con Viagra para escribir sobre sus impresiones. Sí me resultaban divertidos sus exabruptos y sus provocaciones a otros escritores.

Para mi Umbral era sobre todo sus columnas y sus Diccionarios de literatura. Mortal y rosa me resultó aburrida y nunca la he recomendado, aunque está tan bien escrita como casi todo lo suyo. Me gustó mucho, mucho, el libro que dedicó a Valle-Inclán (Los botines blancos de piqué).