Beau Geste de P. C. Wren

Esto se está convirtiendo en una pequeña maldición, y voy a terminar no releyendo libros que me gustaron mucho hace años. Ahora me apetecía leer las dos continuaciones que no había leído de Beau Geste y releo antes,  lógicamente, la primera de la serie. No sólo no pienso seguir con las demás, sino que me ha costado terminar ésta. El comienzo es muy bueno, todo el asunto de qué paso en el fuerte africano y la desaparición de la joya. Desde ahí hasta la aclaración del enigma se hace muy largo. Cada vez estoy menos para novelas. Van a terminar teniendo razón Léautaud y Pla. Y me fastidia.

Elmore Leonard. Hombre y Que viene Valdez

Dos novelas del Oeste bastante buenas de Elmore Leonard, autor bien conocido en novela negra.

En Hombre se reúnen en una diligencia diversos personajes:
– una joven de 17 años que pasó cautiva un mes entre los apaches. La sombra de lo que ocurrió allí planea por todo el relato.
– un doctor y su joven esposa. Lleva el dinero que consiguió (¿robó?) durante el tiempo que ejerció su cargo entre los indios.
– un mejicano que conduce.
– Russell, un hombre enigmático educado un tiempo entre los apaches, líder natural del grupo.
– un joven que es el narrador.
– un tipo duro que, desde el principio, se ve que no es trigo limpio.
Hay lazos que se van tejiendo sutilmente entre todos ellos.
El desenlace final tiene una tensión extraordinaria. Hay una película (1967, Ritt; Paul Newman).

Qué viene Valdez es otra historia similar de heroísmo contada de nuevo con un fenomenal sentido narrativo. Un alguacil se enfrenta a la arbitrariedad del potentado de la zona. La historia tarda algo más en coger temperatura, pero una vez mediada es imposible dejarla hasta saber el desenlace.

Dos entretenimientos de calidad.

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Bellah y la caballería yanqui

Se recogen cinco relatos en los que se inspiró John Ford para su trilogía sobre la caballería yanqui: Fort Apache (1948), La legión invencible (1949) y Río Grande (1950). Y se incluye la novelización del guión escrito por el propio Bellah para la película de Joseph M. Newman Fort Comanche (1961).

Fuerte Starke, entre Kansas y Colorado, sobre 1880. Vida cotidiana en un puesto remoto y fulgurantes acciones militares. Un micromundo de soldados y colonos enfrentados a los salvajes apaches y comanches. Una exaltación del modo de vida castrense (sentido del deber, disciplina, valentía e inteligencia, capacidad de mando) curtida en la tremenda frontera.

Los relatos son violentos, duros, realistas y políticamente incorrectos (misoginia, racismo, imperialismo). Pero estos motivos extraliterarios no ocultan sus evidentes calidades de color, psicología y complejas tramas.

—Las más grandes hazañas, las más nobles virtudes de todas las tribus y clanes, se encuentran entre las palabras inglesas de latrocinio, pillaje, incendiario, rapiña y asesinato. El indio es un animal salvaje y nocivo, y sus actos los de un feroz animal de presa en nada atemperados por la piedad o la misericordia. Todas las tribus del suroeste, apaches, navajos, kiowas y comanches, han desarrollado últimamente el insolente rasgo de intentar engañar al ejército. Todos ellos son desde siempre maestros en el arte de dejar pruebas que incriminan a otras tribus. Los apaches pueden recorrer a pie cien kilómetros diarios de terreno accidentado. Pueden alimentarse, ellos y sus ponis, a base de hierbas silvestres de las montañas, cebollas silvestres, frutos de cactus, bayas y nueces. Los comanches arrancan el cuero cabelludo, los apaches no. Todos tienen una capacidad de raciocinio sólo ligeramente superior al instinto. Todos viven en el presente y nunca planean para el futuro. Las desventajas de su desarrollo cultural es que no pueden mantener una conversación abstracta. No pueden intercambiar ideas entre ellos, sólo hechos. Témanlos a todos, respétenlos como respetarían a un animal salvaje, pero, por encima de todo, sientan siempre por ellos un odio racional.

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