Tawada. Memorias de una osa polar

Tawada es una escritora japonesa (1960) que vive en Alemania. Escribe en alemán y es autora de varios libros antes de éste.

Historia de tres generaciones de osos contada por ellos. La madre, escritora; Tosca, la hija, bailarina en un circo; Knut, hijo de Tosca. La personificación de animales no es algo nuevo pero siempre es arriesgado. Todo el inicio resulta confuso. La novela es una fantasía con propósito de evaluación social. Salen muchas cuestiones de actualidad: explotación de animales, exclusión de minorías étnicas, identidad nacional y exilio. En temas más asépticos la autora desliza ideas de interés, como cuando habla de la fama y el arte o del papel de la censura. En cuestiones más directamente morales (homosexualidad, adopción, ideología de género, sexo y roles) sigue sin mucho criterio planteamientos de moda, abordados levemente y sin apologías.

Es difícil entrar en la historia pues el artificio de emplear animales no es coherente con todo lo que les ocurre, perfectamente humano siempre. Literariamente no es destacable.

Fundación I y II. Asimov

Quiero hacer una relectura de los cinco libros de La Fundación, de los que guardo gran recuerdo. Antes, leo por primera vez el uno y el dos (el ciclo total son 7, aparecidos en este orden: 3, 4 y 5; 6 y 7, años más tarde; 1 y 2, años más tarde).

Los dos primeros hablan de Hari Seldon y de los inicios de la psicohistoria y terminan con su muerte, la decadencia del Imperio y el inicio de la Fundación. Están bastante bien, escritos con oficio y gran coherencia interna. Hay sorpresas, tensión y buenos personajes. Un gran narrador.

En este enlace se resume bien el ciclo completo: Robots, Imperio y Fundación.

Wilcock. La sinagoga de los iconoclastas

La sinagoga de los iconoclastas es una atípica ficción que no deja indiferente. 36 personajes imaginarios, a cual más absurdo y surrealista. Retratos de utopistas, inventores y lunáticos. Un arriesgado paseo por los límites entre la genialidad y la demencia. A veces parece un libro humorístico y otras uno de terror. En todo caso, siempre, es bastante original. Una curiosidad. Lectura nada imprescindible.

Wilcock es un poeta argentino de la generación del 40, neorromántico y surrealista, que frecuentaba a Borges y a Bioy. Me ha recordado al Bolaño más delirante y al Vila-Matas más imaginativo. Pero en peor.

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