Autorretrato con radiador

Termino el sorprendente tomito de Bobin. Lleva viviendo toda la vida en un pueblecito apartado y ha publicado 40 libros en los últimos 25 años. Este es una especie de diario que llevó durante un año, de mediados de 1995 a mediados de 1996, lo segundo suyo que se traduce al castellano. Escritura exquisita y sensible, un poco tristona, llena de cariño hacia la palabra y hacia lo cotidiano. Sus temas:

La luz, las flores, la belleza, Mozart, la música
Lo pequeño, los detalles, lo nimio
Dios, los místicos, la alegría, la fe
La muerte, su mujer fallecida, su presencia, su tumba
La vida del escritor, el apartamiento, la soledad

Es un librito delicioso, espiritual y muy literario. Muy recomendable.

Diarios de Gide

Algunas notas sobre sus Diarios:

Gide sufre. Se siente superior (en algún aspecto lo era). Hipersensible. Excelentes retratos de caracteres en cinco líneas. Especialísima atención a lo que se escribe en Francia y mucho menos a lo exterior. Seducido por comunismo y por Rusia. Cristianismo enemigo de sus impulsos: solución, el cristianismo yerra. Llega a necesitar hacer apología de sus impulsos (esta convencido de que Corydon era necesario). Lástima de lúcida inteligencia dominada por los instintos. Familia y religión enemigos del progreso. Lo importante lo que siento, el artista se viste sentimentalmente “a medida”.

Diarios

En la revista Nuestro Tiempo de julio-agosto 07, Adolfo Torrecilla repasa las últimas entregas de varios escritores españoles de diarios: Andrés Trapiello, José Carlos Llop, José Jiménez Lozano, Miguel Sánchez-Ostiz y José Luis García Martín. Señala -interesante- que muchos de estos libros superan en prestigio al resto de la producción literaria de esos mismos autores.

No he leído los diarios de ninguno de esos cinco escritores, sí parte de los de Mann, Gide, Ribeyro, Kafka y algún otro más que ahora no recuerdo. Son un género apasionante, para mi, siempre que hablen de la producción literaria y menos de sus vidas personales (a veces, es mejor no conocer las de los personajes que admiras). En esta línea memorialística, son muy instructivos los epistolarios de Tolkien y de Flaubert.

La clave de este género, en mi opinión, es, como siempre en los libros, tener algo que decir. El elemento de “sinceridad” ((¿puede ser total cuando saber que se va a publicar?)) sólo es un valor añadido si se aportan cosas interesantes (que no suelen coincidir con los cotilleos ni con las actividades privadas que sólo interesan a uno mismo, y menos cuando son poco ejemplares).