C. S. Lewis y su diablo

Cartas del diablo a su sobrino es un libro tan mínimo como inagotable. Es valiente, claro, inteligente, breve, divertido y estimulante.

En la primera se recomienda al aprendiz de diablo que no se preocupe demasiado de las lecturas de su “víctima”.

Ya no se vive de argumentos:

Ahora no piensa, ante todo, si las doctrinas son «ciertas» o «falsas», sino «académicas» o «prácticas», «superadas» o «actuales», «convencionales» o «implacables». (…). ¡No pierdas el tiempo tratando de hacerle creer que el materialismo es la verdad! Hazle pensar que es poderoso, o sobrio, o valiente; que es la filosofía del futuro. Eso es lo que le importa.

Un buen bocadillo puede apartarles de la tentación de plantearse cosas:

les resulta totalmente imposible creer en lo extraordinario mientras tienen algo conocido a la vista (…)

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Roth y sus escritores

Sigo adelante con mi judío favorito. Ahora es el turno de El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras (2001).

Como era de esperar, nada de chorradas. Roth no pregunta a sus amigos escritores “¿Tu color preferido, sientes pavor ante la página en blanco, cuales son los fetiches que adornan tu mesa, escribes a pluma o en ordenador, necesitas escribir, tus escritores favoritos, tus traumas infantiles, el nombre de tu perro?” Roth sólo habla de cosas serias: política, sexo, religión, libertad, Kafka, censura, judaísmo, comercialización de la cultura, la responsabilidad del escritor. Resultan unas entrevistas muy inteligentes, profundas, esclarecedoras. Es la primera división.

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Hablar de libros

Fin de Ribeyro, de sus Diarios y de las colecciones de cuentos que no conocía. Conocidos también los relatos que venía leyendo, en oleadas, desde 1994, sus Prosas apartidas, sus Dichos de Lúder y una de sus tres novelas (tan mala que no osaré las otras dos), ya debería poder decir algo de este escritor. Para eso debo pararme, repasar mis notas, pensar en él, releer –más a fondo- y analizar los cuentos que más me han gustado, sacar conclusiones, confrontarlas con lo que he leído y guardo sobre él. ¿Lo haré?

Es un buen cuentista sudamericano del S. XX y me gusta, si no todo, buena parte de lo que ha dejado escrito. Bien, pero ese esfuerzo me resta fuerzas y tiempo para otros escritores de ese país o de otro, de ese siglo o de otro, de ese género o de otro. Lo de siempre. Si sé que me gusta, ¿para qué quiero saber por qué? ¿para mi, para poder explicarlo a otros? ¿necesito esto? ¿lo necesitan los otros? ¿o es que la tarea me excede? Los que hablan y escriben cosas acertadas y atinadísimas sobre sus escritores más queridos, ¿han llegado a ellas sin estudio, sólo por intuición? ¿gozarán de un talento para lo literario del que yo carezco?