Trilogías, 4 de 12

Memorias de escritores

José Manuel CABALLERO BONALD, La novela de la memoria
Tiempo de guerras perdidas, 1995
La costumbre de vivir

Marcel PAGNOL
La gloria de mi padre, 1957
El castillo de mi madre, 1958

Primo LEVI
Si esto es un hombre, 1958
La tregua
Los hundidos y los salvados

De Caballero Bonald sólo he leído la primera y me encantó, más por su estilo que por lo que contaba. En la segunda habrá, supongo, más cosas del mundillo literario. Los dos de Pagnol son deliciosos, y creo que hay un tercero. No son memorias sobre literatura, ojo (ni sobre cine). De Levi sólo he leído el primero, muy conocido. Nada de libros, va sobre el genocidio.

Tolstoi. Confesión

Tolstoi crece creyendo cada vez más en la razón. Su obsesión es el perfeccionamiento intelectual y el progreso. Vagamente, quiere ser moralmente bueno. Se sabe perteneciente a la élite artística y social. Pero es honesto y llega un momento de su vida es que se hace las preguntas existenciales básicas. No encuentra respuesta sobre el sentido de la vida ni en las ciencias especulativas ni en las experimentales. Concluye que la vida es una broma estúpida, un mal absurdo; al final espera el dragón de la muerte y, hasta entonces, los ratones del dolor, la vejez y la enfermedad. Sólo caben cuatro salidas: la ignorancia, el epicureísmo, el suicidio o la debilidad de no hacer nada. Pero no se atreve a suicidarse.

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Conversión de Muggeridge

Me gustan los libros que relatan conversiones a la fe. Creo que este proceso es una de las aventuras más apasionantes que es dado vivir a los hombres en esta tierra. Siempre veo que cuando la comunión total con la fe cristiana católica no es un punto de partida sino la consecuencia de un itinerario espiritual esforzado, el encuentro con la verdad suele ser explosivo y gozoso y de unas consecuencias vitales impresionantes.

He leído con mucho interés el breve relato que hace de esto Malcolm Muggeridge, un periodista y escritor inglés que murió con 87 años en 1990 y fue recibido en la Iglesia Católica ocho años antes. Fue toda su vida un buscador del sentido de la vida. Se equivocó muchas veces y se arrepiente de cosas que hizo, lo dice en numerosas ocasiones. Frecuentó a grandes escritores (San Agustín, Pascal, Donne) e incluso a Santos (Madre Teresa) y al final se dejó seducir por Cristo y ya no hubo más dudas. Estas breves memorias están escritas con gusto y profundidad y pienso que con sinceridad y valentía.

El libro se llama Conversión, un viaje espiritual (1991) y está editado en España por Rialp.