Conversión de Muggeridge

Me gustan los libros que relatan conversiones a la fe. Creo que este proceso es una de las aventuras más apasionantes que es dado vivir a los hombres en esta tierra. Siempre veo que cuando la comunión total con la fe cristiana católica no es un punto de partida sino la consecuencia de un itinerario espiritual esforzado, el encuentro con la verdad suele ser explosivo y gozoso y de unas consecuencias vitales impresionantes.

He leído con mucho interés el breve relato que hace de esto Malcolm Muggeridge, un periodista y escritor inglés que murió con 87 años en 1990 y fue recibido en la Iglesia Católica ocho años antes. Fue toda su vida un buscador del sentido de la vida. Se equivocó muchas veces y se arrepiente de cosas que hizo, lo dice en numerosas ocasiones. Frecuentó a grandes escritores (San Agustín, Pascal, Donne) e incluso a Santos (Madre Teresa) y al final se dejó seducir por Cristo y ya no hubo más dudas. Estas breves memorias están escritas con gusto y profundidad y pienso que con sinceridad y valentía.

El libro se llama Conversión, un viaje espiritual (1991) y está editado en España por Rialp.

Los hechos (Philip Roth)

Roth publicó esta Autobiografía de un novelista hace veinte años y en ella nos cuenta cinco episodios de su biografía, desde su etapa de formación a sus primeros éxitos, que completará dos años después con el relato de muerte de su padre (Patrimonio, 1991). En realidad, aporta pocas cosas nuevas a los lectores de sus novelas. “Como su padre”, Roth siempre habla de tres temas: la familia, Newark (New Yersey) y lo judío. Primero la infancia y la familia, un refugio único, indivisible e inviolable contra toda forma de amenaza; el béisbol como gran iglesia laica, sus esfuerzos de norteamericanización y su progresiva conciencia de que no es necesaria ninguna asimilación. Luego la adolescencia y la preparación para la universidad, separarse de los constreñimientos de una educación severa, la búsqueda de independencia y de afirmación sexual, lo que él denomina “hacerse un hombre”. Pronto destaca por su inteligencia, se autoafirma en sus ideales democráticos y principios liberales y se hace notar en las confraternidades universitarias.

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