Prólogos de la Biblioteca de Babel. Borges

Este tercer libro de prólogos de Borges es tan bueno como los otros que he leído. Comentarios a treinta obras de literatura fantástica seleccionadas por él que completaron una célebre colección con bellas portadas. Hay autores que repiten de las otras dos colecciones. A mi no me interesan particularmente los libros de ese tipo de fantasía pero si, y mucho más, lo que dice Borges de ellos. Imprescindible para borgianos.

Haikus e Hijos de la ira

Tres excursiones poéticas de agosto

Un viejo estanque (La Veleta, 2013). Leo un poco mas rápido de la cuenta esta antología de haikus españoles editada en mi ciudad. Unos 150 autores,  3-4 piezas por cabeza. Poesía de la sensación, la llaman. Eminentemente descriptiva. Sonoridad rítmica. Armonía. Sorpresa en el tercer verso. El título rinde homenaje a la figura de Bashoo.  Muchos sacados de El rincón del haiku. Irregular.

Había leído justo antes una colección de haikus de Benedetti, que me gustaron más. Más aforístico e ingenioso. Materialista y amable.

Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, ha podido conmigo. Sentido de la vida, angustia, insomnio, injusticia, difuntos, la madre, Dios. Oscuro y pesado. Poemas largos y sin rima. “La vida es monstruosa porque es inexplicable” dice el autor que confiesa “total desilusión de ser hombre” cuando escribe este libro.

Wilcock. La sinagoga de los iconoclastas

La sinagoga de los iconoclastas es una atípica ficción que no deja indiferente. 36 personajes imaginarios, a cual más absurdo y surrealista. Retratos de utopistas, inventores y lunáticos. Un arriesgado paseo por los límites entre la genialidad y la demencia. A veces parece un libro humorístico y otras uno de terror. En todo caso, siempre, es bastante original. Una curiosidad. Lectura nada imprescindible.

Wilcock es un poeta argentino de la generación del 40, neorromántico y surrealista, que frecuentaba a Borges y a Bioy. Me ha recordado al Bolaño más delirante y al Vila-Matas más imaginativo. Pero en peor.

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