Borges, el personaje


Cinco anécdotas de Borges, que conozco en el blog de Hugo Perini (al que llego desde el de Marta Salazar).

1. Borges firmaba ejemplares en la Librería del Centro, un jóven se acerca con un ejemplar de “Ficciones” y le dice “Maestro usted es inmortal”, Borges le responde “Vamos hombre, no sea tan pesimista”

2. En una reunión convocada para analizar la situación de la literatura argentina, el crítico Cayetano Cordova Iturburu pregunta preocupado ¿Que vamos a hacer por nuestros jóvenes poetas? Desde el fondo del salón donde se desarrollaba el evento llega la voz de Borges: “Disuadirlos”

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Hablar de libros

Fin de Ribeyro, de sus Diarios y de las colecciones de cuentos que no conocía. Conocidos también los relatos que venía leyendo, en oleadas, desde 1994, sus Prosas apartidas, sus Dichos de Lúder y una de sus tres novelas (tan mala que no osaré las otras dos), ya debería poder decir algo de este escritor. Para eso debo pararme, repasar mis notas, pensar en él, releer –más a fondo- y analizar los cuentos que más me han gustado, sacar conclusiones, confrontarlas con lo que he leído y guardo sobre él. ¿Lo haré?

Es un buen cuentista sudamericano del S. XX y me gusta, si no todo, buena parte de lo que ha dejado escrito. Bien, pero ese esfuerzo me resta fuerzas y tiempo para otros escritores de ese país o de otro, de ese siglo o de otro, de ese género o de otro. Lo de siempre. Si sé que me gusta, ¿para qué quiero saber por qué? ¿para mi, para poder explicarlo a otros? ¿necesito esto? ¿lo necesitan los otros? ¿o es que la tarea me excede? Los que hablan y escriben cosas acertadas y atinadísimas sobre sus escritores más queridos, ¿han llegado a ellas sin estudio, sólo por intuición? ¿gozarán de un talento para lo literario del que yo carezco?

Microrrelato

Al abrir los ojos, entre la maraña menguante del sueño vi lagartijas rondándome las piernas y nubes agoreras y reflejos cegadores y toda clase de aves extrañas. Sin demasiada inquietud, volví a dormirme. Nunca he tenido casa, y sé cómo es la vida cada vez que amanece

Microapuntes sobre el microcuento

La vocación de todo microcuento decente es crecer sin ser visto.
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No es lo mismo lo breve que lo corto: lo breve calla a tiempo, lo corto antes de tiempo.
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Lo más raro del microcuento no es su extensión minúscula, sino su radical estructura.
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Los personajes del microcuento caminan de perfil.
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La tentación del chiste es la termita del microcuento.
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Todo microcuento empieza entre comillas y termina en puntos suspensivos.
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El microcuento necesita lectores valientes, es decir, que soporten lo incompleto.
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Cuanto más breve parezca, más lento ha de leerse.

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977).