Goodis, Fante y Flaubert

Piglia decía en sus Diarios que Goodis era el mejor norteamericano de novela negra. Disparen sobre el pianista es su libro más conocido y es muy bueno. No desmerece de los de Chandler, Hammett o McDonald (Ross). Aunque éstos son muy constantes, y de Goodis sólo conozco este. Aprovechando el impulso, he releído por tercera vez la primera de Hammett, Cosecha roja, y me ha vuelto a entretener tanto como la primera. Un valor seguro. Me ha costado más terminar El Círculo Matarese, uno de los novelones de Ludlum que no había leído (es el de Bourne, la inolvidable Progresión de Aquitania, etc): líoso y largo.

Espera a la primavera Bandini, es la primera de una serie de cuatro de Fante, un novelista norteamericano del que me encantó Llenos de vida. Es fresco, rebosa realidad y tiene un talento narrativo muy destacable.

Bouvard y Pécuchet es el experimento inacabado de Flaubert, un libro lleno de sorpresas con dos personajes inolvidables que lo intentan todo y no hacen bien nada. Al final, como parte del trabajo de los dos copistas, se incluyen el Catálogo de ideas chic y el Diccionario de tópicos. Para muy interesados en el escritor francés.

Invitado de honor es el tercer libro de relatos de Joy Williams. No es la mejor cuentista norteamericana, como dice la propaganda del libro, pero está bastante bien. Algunas de las historias está menos conseguida pero todas interesan por una cosa u otra. Poco complaciente, algo ruda a veces, y con una vista fina para el comportamiento humano. No creo que siga con las demás colecciones del tomo, pero está bien.

Después de muchos meses he terminado Las flores del mal. Sólo he tenido paciencia para leer en francés el primer tercio. Leer el resto en la traducción no versificada no ha tenido ningún sentido, al menos para mi.

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Chéjov, Stephen King y el papa Francisco

Cartas de Chéjov (Fuentetaja, 2005) reúne una buena selección de comentarios sobre literatura, escritura y teatro. Escribe a su hermano, a otros escritores, a críticos literarios. Merecen la pena por la sabiduría que demuestran y por ver el carácter del hombre, que se muestra a la vez que sus cualidades como escritor. Los pasajes contenidos en el libro de Consejos a escritores (Alba, 2002), están casi todos sacados (diría yo) de estas cartas. Mejor leer la correspondencia  directamente.

Otro libro interesante sobre el quehacer del escritor es Mientras escribo, de Stephen King. Explica su biografía literaria (menos interesante) y aconseja sobre qué es importante a la hora de contar bien una historia, y está parte sí merece más la pena. No es un escritor que me atraiga especialmente, pero es serio con su trabajo y este libro lo prueba.

El libro de los vicios, de Soboczynski no es tan inspirado y sagaz como el que les comenté, pero se lee bien. Ataca tópicos muy arraigados socialmente (obsesión por la salud, guerra al tabaco, etc) con ironía y gracia. Son artículos del periodista polaco agrupados en un libro.

Si no han leído aún Amoris Laetitia, del Papa Francisco sobre la familia, no dejen de hacerlo. Un texto muy concreto (particularmente el cap. 4), animante y con los pies en el suelo. Me ha encantado.

Les hablaré más adelante de los tomos II y III de los Diarios de Piglia, muy valiosos, como el primero.

Se ha reeditado La mujer de tu prójimo, de Talese, un escandaloso reportaje sobre la vida sexual del americano que dio mucho que hablar en su día. En la línea de su libro sobre el voyerismo, e igualmente prescindible. Lean mejor el sensacional Retratos y encuentros.

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Cercas, Gógol y Clarasó

Por lo de mi crisis con las novelas, espero que temporal, he leído recientemente varias colecciones de relatos. Por supuesto los nuevos de mi hermano Miguel (Cumplo 40) que ejemplifican con gracia y bastante imaginación cosas que pueden ocurrir en la crisis de madurez.

Nunca recomendaría públicamente un libro de Bukowski pero su trabajo es único e impactante en cualquiera de sus títulos (por ejemplo, en sus Escritos de un viejo indecente, uno de los menos brutales).

Me han decepcionado las novelas petersburguesas de Gógol, de quien retraso una y otra vez la célebre Almas muertas, por si acaso. El capote y La nariz, las más justamente famosas, no están mal, las otras tres son flojas y triviales. Su poética grotesca-fantástica-social no acaba de convencerme.

Leo por primera vez a Noel Clarasó, humorista catalán, que hace una divertida parodia de club de golf en los episodios de Campeones de golf. Claramente sabe de lo que habla. También de golf, aunque ya no se trata de relatos, les recomiendo uno de los libros de John Jacobs, Todo mi legado golfístico. Un sabio elegante y amable que sabe explicar de forma sencilla cosas bastante complicadas de hacer.