Lenz. El desertor

El manuscrito de esta segunda novela de Lenz, que data de 1951, no llega a publicarse hasta el año pasado, dos después de la muerte del prolífico y sólido autor alemán. No fue oportuno en ese momento (“por razones patrióticas”) sacar a la luz la historia de un soldado de la Wehrmacht que se pasa al Ejército Rojo soviético en el último verano de la Segunda Guerra Mundial. El asistente Proska se incorpora al frente oriental. El calor, el aburrimiento, sus amores con la polaca partisana Wanda y las conversaciones con el filosófico Wolfgang (el bien, el mal, la libertad, el sinsentido de la guerra) estimulan su conciencia y decide pasarse al enemigo. El clima diario de la unidad alemana anticipa el asfixiante Corazón en las tinieblas conradiano.

La carga simbólica de las peripecias de varios militares muestra la rica ambición creadora de un joven escritor, pero castiga al mismo tiempo, por su oscuridad, el nivel de interés que un lector común puede llegar a tener por Proska y los que están con él.

Están lejos aún los años de sus mejores novelas (Lección de alemán, Campo de maniobras, etc), escritas cuando llega a poseer el dominio de los originales puntos de vista elegidos y controla los ritmos del relato de forma maestra. No es cierto, como se dice en la publicidad que acompaña a la edición, que El desertor esté a la altura de ellas, pero es un relato -un duro y triste alegato antibelicista- que se deja leer y demuestra que es un autor interesante desde sus inicios.

Kafka. Narraciones cortas

Creo que ya sólo me queda por leer de Kafka sus epistolarios. Lo que más me gustó fueron sus Diarios, bastante menos sus novelas largas (editadas póstumamente y algunas inacabadas), y algo más las cortas y relatos, que es lo que ahora he concluido. Destacan sobre todo la archiconocida La transformación, La condena y En la colonia penitenciaria. Están bien algunas de las piezas cortas de Un médico rural, Contemplación y Un artista del hambre.

Nunca he compartido el grado de entusiasmo por Kafka que hay entre muchos buenos lectores, pero aprecio su importancia y me gusta su estilo inconfundible de periodos largos y precisos, su prosa expresionista y su tono forense-administrativo-burocrático. Tiene una gran imaginación, más evidente aún en las piezas cortas, todo es original y siempre quiere decirnos algo. Con Kafka el camino siempre es satisfactorio, independientemente de la anécdota y el final. Su estilo hipnótico, ver en lo que se fija (a veces apenas una situación, o una sensación), el uso frecuente de la primera persona. Si pueden, busquen la edición del Círculo de Lectores / Galaxia Gutemberg de la obra completa.

Kempis y Padres del desierto

Este verano he terminado dos libros de espiritualidad cristiana que me han gustado, cada uno por motivos diferentes.

La Imitación de Cristo es un clásico escrito en latín atribuido a un monje alemán del S. XV. Como decía Fray Luis de Granada, “un compañero fiel, consuelo en los trabajos, un maestro en tus dudas, un arte para orar al Señor, una regla para vivir, una confianza para morir, uno que dice de ti lo que tú mismo no alcanzas”. Escrito en forma de frases breves y fácilmente comprensibles. Lo encuentro de actualidad en el S. XXI, para todo tipo de personas que quieran vivir más cerca de Dios.

Sentencias de los padres del desierto recoge una colección amplia de enseñanzas sobre vida cristiana y virtudes. Pequeñas anécdotas, dichos y breves consideraciones. Aunque no vivamos en el desierto como anacoretas y quede lejos el S. IV, muchas cosas son trasladables. Hay ejemplos muy actuales y los hombres, en lo esencial, somos lo mismo entonces que ahora.