McInerney. Al caer la luz

Años 80 en Manhattan, Russell y Corrine llevan cinco años casados. Él es editor y ella agente de bolsa en Wall Street. Llevan una intensa vida social y una aparentemente apacible vida conyugal, muy dependiente de las relaciones físicas.

El argumento tiene aspectos atractivos pues forman una pareja culta y sofisticada que se relaciona con escritores, periodistas, profesores  e inversores de buena posición económica. Es una comedia social urbana ligera con toques dramáticos que se centra en las relaciones de pareja y, sobre todo, en la infidelidad matrimonial. El lenguaje es grueso y las alusiones sexuales son frecuentes.

La novela es dialogada en un alto porcentaje, lo que aporta viveza, pero hubiera ganado con una labor de poda más exigente por parte del creador. Se detallan numerosos intercambios intrascendentes que aportan poco a la acción o al conocimiento de los personajes.

Libros del Asteroide ha publicado los últimos años buenas novelas norteamericanas sobre el matrimonio (Una mujer de recursos, de Elisabeth Forsythe, Un matrimonio feliz, de Rafael Yglesias, o En lugar seguro, de Wallace Stegner, por citar algunas), pero esta no es una de ellas. Es, además, la primera de una trilogía.

Lenz. El desertor

El manuscrito de esta segunda novela de Lenz, que data de 1951, no llega a publicarse hasta el año pasado, dos después de la muerte del prolífico y sólido autor alemán. No fue oportuno en ese momento (“por razones patrióticas”) sacar a la luz la historia de un soldado de la Wehrmacht que se pasa al Ejército Rojo soviético en el último verano de la Segunda Guerra Mundial. El asistente Proska se incorpora al frente oriental. El calor, el aburrimiento, sus amores con la polaca partisana Wanda y las conversaciones con el filosófico Wolfgang (el bien, el mal, la libertad, el sinsentido de la guerra) estimulan su conciencia y decide pasarse al enemigo. El clima diario de la unidad alemana anticipa el asfixiante Corazón en las tinieblas conradiano.

La carga simbólica de las peripecias de varios militares muestra la rica ambición creadora de un joven escritor, pero castiga al mismo tiempo, por su oscuridad, el nivel de interés que un lector común puede llegar a tener por Proska y los que están con él.

Están lejos aún los años de sus mejores novelas (Lección de alemán, Campo de maniobras, etc), escritas cuando llega a poseer el dominio de los originales puntos de vista elegidos y controla los ritmos del relato de forma maestra. No es cierto, como se dice en la publicidad que acompaña a la edición, que El desertor esté a la altura de ellas, pero es un relato -un duro y triste alegato antibelicista- que se deja leer y demuestra que es un autor interesante desde sus inicios.

Mitología según Fernán Caballero

Cae en mis manos esta Mitología de Fernán Caballero, en la que repasa dioses, héroes y semidioses griegos y hombres célebres de Grecia. Homero, Zeus, Temístocles y Pericles mezclados en un totum revolutum algo demente pero tolerable. Haciendo abstracción de los “cúpole” y “enamorose”, y de muchas simplificaciones y estridentes juicios de valor, el conjunto es simpático y válido como primera introducción. Sabremos cuantas son Las musas, cuales los 12 trabajos de Hércules y el sentido de algunas locuciones de uso corriente tomadas de la mitología. Los mitos no tienen que ver con la verdad sino con la literatura, y no hay que pedirles más, así están bien y sólo por eso merece la pena conocerlos.