Relatos de Murakami

Después de cinco novelas publicadas, Murakami ha pasado de escritor de culto a autor de ventas y de prestigio internacional. Algunos escritores le idolatran, los reseñistas no se ahorran halagos y su nombre aparece los últimos años cuando se habla del Nóbel. Ahora se publican estos veinticuatro relatos, escritos a lo largo de veinte años, entre 1986 y 2006. Murakami es imprevisible, busca siempre sorprender. Como ha reconocido, deja volar sus ficciones al ritmo del jazz, con continuas improvisaciones y vericuetos. El resultado puede ser una amalgama de historias estrambóticas y algo desconcertantes (Kafka en la orilla) o novelas más sólidas y terminadas (como Tokio blues). En el prólogo plantea que sus novelas, frondosas e incontenibles, son como plantar un bosque y hacer relatos como plantar un jardín, algo planificado y controlado.

Es el primer párrafo de una reseña que acabo de preparar para Aceprensa. Sólo había leído antes Kafka en la orilla y no me gustó nada: surrealista, obscena y confusa, a pesar del estilo fácil y agradable de la escritura. Estos relatos me han gustado más, sin entusiasmarme. El problema de Murakami empieza cuando pretende dar ideas, endebles y con una filosofía de almanaque: “el hombre únicamente se teme a sí mismo”, “todo, de lejos, parece muy bonito”, “una persona, desee lo que desee, nunca puede dejar de ser ella misma”, y cosas así. Para mi sigue siendo incomprensible el fervor que despierta este escritor, claramente sobrevalorado.

Manolete

Decepcionante biografía sobre Manolete. Es lo que se llama dar gato por liebre. En realidad es un libro sobre los primeros tiempos del franquismo donde se habla algo de toros. El periodista catalán que lo ha escrito no puede disimular su desprecio a la época de la dictadura. Lo deja claro desde la primera página y no suelta el látigo hasta la última. Particularmente tengo poca simpatía a ese periodo de nuestra historia, lo mire casi por donde lo mire, pero esta diatriba visceral y sectaria me ha molestado desde el principio, más cuando iba buscando otra cosa.

De Manolete se habla en un 20% del libro y no se profundiza en el personaje más allá de los tópicos conocidos por todos. El resto del libro está dedicado, además de a lo dicho, a todo tipo de temas circunstanciales. El autor está especialmente interesado en el mapa prostibulario de España en esos años. También se habla, y mucho, de Lupe Sino. Lo más estrambótico del libro es una escena de jugueteos amatorios entre Lupe y Manolete que el autor sitúa en Méjico: es una pieza de cuatro páginas que podría haber ido a a parar a un concurso de literatura erótica. Inventar algo así entre dos personajes reales que no lo han contado al autor es inaceptable y de mal gusto.

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