Roma vincit! (Cato II). Scarrow

Segundo libro de la serie de Scarrow sobre Roma en Britania.

Año 43 dC. Claudio en persona al frente de las legiones quiere asestar un duro golpe a los catuvelanios de Carataco y avanza sobre su capital Camuloduno. En la sexta centuria de la cuarta cohorte de la Legio II sirven Macro y Cato, centurión y optio.

Hay batallas, intrigas políticas y asuntos amorosos. La vida en el ejército imperial está muy bien contada y Scarrow juega con oficio todas sus cartas: emoción, información y suspense.

Cato es valiente y aguerrido, pero también sensible y culto. Macro es leal y duro, pero también torpe y rudo. Hay comandantes íntegros, tribunos traidores y avariciosos, libertos todopoderosos y mujeres caprichosas que terminan pagándolo. No me acordaba demasiado del primer libro de la serie pero enseguida se sitúan todos los hilos.

Después de McCullough todos los libros sobre Roma parecen casi tebeíllos. Los de Scarrow son al menos entretenidos y dignos.

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Primera poesía de Borges

De vez en cuando toca un Borges. En sus años vanguardistas, hasta más o menos 1930, la poesía fue el centro de su escritura. Verso libre, neobarroquismo, nacionalismo literario. Textos primerizos algunos de los cuales rechazaría más adelante el autor.

A estos años pertenecen sus tres primeros poemarios: Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). Unos sesenta poemas que fueros retocados por el autor para la edición de sus Obras Completas de 1969. Poesía local, menos brillante e intelectual que su prosa. Versos enfáticos, llenos de metáforas que serían mucho más vigiladas en libros posteriores. Para muy interesados.

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Bellah y la caballería yanqui

Se recogen cinco relatos en los que se inspiró John Ford para su trilogía sobre la caballería yanqui: Fort Apache (1948), La legión invencible (1949) y Río Grande (1950). Y se incluye la novelización del guión escrito por el propio Bellah para la película de Joseph M. Newman Fort Comanche (1961).

Fuerte Starke, entre Kansas y Colorado, sobre 1880. Vida cotidiana en un puesto remoto y fulgurantes acciones militares. Un micromundo de soldados y colonos enfrentados a los salvajes apaches y comanches. Una exaltación del modo de vida castrense (sentido del deber, disciplina, valentía e inteligencia, capacidad de mando) curtida en la tremenda frontera.

Los relatos son violentos, duros, realistas y políticamente incorrectos (misoginia, racismo, imperialismo). Pero estos motivos extraliterarios no ocultan sus evidentes calidades de color, psicología y complejas tramas.

—Las más grandes hazañas, las más nobles virtudes de todas las tribus y clanes, se encuentran entre las palabras inglesas de latrocinio, pillaje, incendiario, rapiña y asesinato. El indio es un animal salvaje y nocivo, y sus actos los de un feroz animal de presa en nada atemperados por la piedad o la misericordia. Todas las tribus del suroeste, apaches, navajos, kiowas y comanches, han desarrollado últimamente el insolente rasgo de intentar engañar al ejército. Todos ellos son desde siempre maestros en el arte de dejar pruebas que incriminan a otras tribus. Los apaches pueden recorrer a pie cien kilómetros diarios de terreno accidentado. Pueden alimentarse, ellos y sus ponis, a base de hierbas silvestres de las montañas, cebollas silvestres, frutos de cactus, bayas y nueces. Los comanches arrancan el cuero cabelludo, los apaches no. Todos tienen una capacidad de raciocinio sólo ligeramente superior al instinto. Todos viven en el presente y nunca planean para el futuro. Las desventajas de su desarrollo cultural es que no pueden mantener una conversación abstracta. No pueden intercambiar ideas entre ellos, sólo hechos. Témanlos a todos, respétenlos como respetarían a un animal salvaje, pero, por encima de todo, sientan siempre por ellos un odio racional.

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