Peter Robinson

Peter Robinson ha escrito quince novelas protagonizadas por el inspector Alan Banks, de la policía de Londres. En RBA encontrarán varios títulos (El camaleón, El peso de la culpa, la colina de los cuervos o Entre las sombras).

Acabo de leer esta última. Los seguidores de este blog recordarán que me sugirió el nombre de Robinson una entrevista a Michael Connelly.

Hay tres casos combinados: un voyeur, unos ladrones y el asesinato de la anciana. Implicados: la propia mujer de Banks, una psicóloga que le ayuda con el mirón y los vecinos de la anciana.

Es una buena novela. No responde a la etiqueta de thriller que no te deja respirar ni hay explosiones de violencia. Es desagradable toda la cuestión del voyeur, un género de violencia en la que se profundiza psicológicamente. El estilo es correcto y agradable, no excesivamente literario pero tampoco vulgar.

Clasifico mentalmente: autor para tener en cuenta pero no un número uno.

Juan Belmonte, matador de toros

Por Manuel Chaves Nogalés.

Este libro se publicó en 1935 y está escrito en primera persona, como si narrara el propio mítico matador sevillano. Belmonte fue una figura importante y su concepción del toreo cambió la fiesta y el modo de enfrentarse al animal. Su trayectoria no difiere mucho de la de otros profesionales hasta el momento en que encuentra sitio en el mundillo. Desde ahí, su caso fue un paseo triunfal. Fue un torero de espíritu, más que de facultades. Era callado y serio, le gustaba leer y alternar con intelectuales. Están bien contadas su infancia y su relación con Joselito. El contenido técnico taurino es suficiente y no abrumador para no especialistas. Naturalmente se recogen las famosas frases que dijeron de el Rafael Guerra, Valle-Inclán y otros. El libro, sin estusiasmar, está bien y gustará a los aficionados.

Meridiano de sangre

Harold Bloom decía de Meridiano de sangre que le parecía la obra imaginativa más impresionante entre todas las de los escritores estadounidenses vivos. Bloom suele pontificar más de la cuenta pero no es una opinión que se pueda despreciar. A mi me ha parecido una novela excesivamente salvaje. Un grupo paramilitar es contratado por el gobierno mejicano para matar indios. Estamos a mitad del XIX en la frontera con Texas. Los hombres de Galton y del juez Holden son auténticos carniceros. Muertes, muertes y más muertes.

Sobre todo, es difícil saber dónde quiere llegar McCarthy con esta historia. No suele jugar la baza posmoderna de la incomprensibilidad y el hermetismo, ni en estilo ni en contenidos, pero en esta novela, sobre todo en su resolución, se despista un poco del sentido global de la obra.Sus exploraciones son las que ya conocemos en este autor: el mal (particularmente la violencia y a guerra), Dios.

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