Brian Freeman


El año pasado leí
Venganza, la segunda novela de Brian Freeman, buena novela negra pero al borde del mal gusto por su excesiva sordidez ambiental. He confirmado esta impresión con Inmoral, la primera que escribió.

Jonathan Stride investiga la desaparición de dos chicas jóvenes. La trama avanza según se van descartando sospechosos que parecían evidentes. Muchos elementos tópicos: el periodista preguntón que incordia a la poli, el fiscal ambicioso, el abogado sin escrúpulos, los detectives duros, etc. Lo más duro de la novela son las pésimas relaciones padres-hijos.

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El ladrón de arte

Este libro me estaba interesando de veras. Me recordaba, modernizado, el ambiente de las muy recomendables novelas de Arsène Lupin: elegancia, sofisticación, cultura y haute société. Ladrones cultivados de guante blanco. Como hice un bachillerato de ciencias y poseo una formación autodidacta mínima de historia del arte, me ha gustado saber cosas de Caravaggio, de cómo se pinta al temple o al óleo, cómo se vende y trafica con arte, cómo funciona el tinglado de las subastas o por qué es importante el cuadro de Van Eyck del matrimonio Astolfini.

De la novela, como tal, me desentendí pronto, vale poco. Muchos personajes, muchos policías, varios ladrones, varios robos, demasiados escenarios. Hay que dedicar mucha atención para intentar entender qué está pasando. Yo no lo he hecho. La novela va avanzando a golpes de chistera y no tenía ninguna esperanza de que se arreglara al final. En efecto, la terminación es tan complicada que habría tenido que dedicar varias horas a desentrañarla. Naturalmente, he preferido emplearlas en otras cosas. Hay que ser muy bueno escribiendo para manejar varias historias y que todo resulte creíble y el lector no se pierda. Recuerdo ahora a un maestro que lo hace muy bien: Ian Pears. Busquen por ahí La quinta verdad o El sueño de Escipion.

Antes que El ladrón de arte, lean La tabla de Flandes de nuestro Pérez-Reverte. Es una novela similar aunque bastante mejor hecha.

Firmin de Savage

Si uno acepta que una rata pueda leer libros, no tendrá problemas con empezar y continuar este libro. A mi me parecía bien, aunque pensé que, ya puestos, también Savage hubiera debido permitir que Firmin hablara. El problema del libro es que una vez que te ha engatusado con un argumento original desplegado en las primeras 30 páginas, YA NO OCURRE NADA NUEVO MAS EN EL RESTO DE LA NOVELA. Savage tuvo una idea y con ella se inventó un libro.

Bueno, tuvo dos ideas, porque la otra cosa que pone a hacer a su rata, además de leer, es ver películas pornográficas de humanos. Si lo anterior me parece poco serio narrativamente, esto ya me resulta chirriante, incomprensible y grotesco.

Es el primer libro que ha escrito y ha dicho que no escribirá más. A lo mejor cree que ha dado a luz un segundo Pedro Páramo y que ya se hablará de él por siempre jamás. Si es así, Se equivoca.