Seis cuentos morales de Rohmer

Primero escribió los relatos, que están publicados en España por Anagrama. Luego rodó las películas. Los relatos, que he leído, son verdaderamente relatos, no son guiones, no hay ninguna referencia a puesta en escena cinematográfica. Las películas siguen 100% el texto de los relatos. Rohmer explica que no filma acontecimientos sino el relato que alguien hace de ello. Todo pasa en la cabeza del narrador.

Seis variaciones sobre un tema: la historia de un hombre y dos mujeres. Mientras busca a la primera encuentra a la segunda. Esta relación es el argumento de cada película. Al final, vuelve a ver a la primera mujer.

Comento algo de las que he visto:

Continuar leyendo “Seis cuentos morales de Rohmer”

Brian Freeman


El año pasado leí
Venganza, la segunda novela de Brian Freeman, buena novela negra pero al borde del mal gusto por su excesiva sordidez ambiental. He confirmado esta impresión con Inmoral, la primera que escribió.

Jonathan Stride investiga la desaparición de dos chicas jóvenes. La trama avanza según se van descartando sospechosos que parecían evidentes. Muchos elementos tópicos: el periodista preguntón que incordia a la poli, el fiscal ambicioso, el abogado sin escrúpulos, los detectives duros, etc. Lo más duro de la novela son las pésimas relaciones padres-hijos.

Continuar leyendo “Brian Freeman”

El ladrón de arte

Este libro me estaba interesando de veras. Me recordaba, modernizado, el ambiente de las muy recomendables novelas de Arsène Lupin: elegancia, sofisticación, cultura y haute société. Ladrones cultivados de guante blanco. Como hice un bachillerato de ciencias y poseo una formación autodidacta mínima de historia del arte, me ha gustado saber cosas de Caravaggio, de cómo se pinta al temple o al óleo, cómo se vende y trafica con arte, cómo funciona el tinglado de las subastas o por qué es importante el cuadro de Van Eyck del matrimonio Astolfini.

De la novela, como tal, me desentendí pronto, vale poco. Muchos personajes, muchos policías, varios ladrones, varios robos, demasiados escenarios. Hay que dedicar mucha atención para intentar entender qué está pasando. Yo no lo he hecho. La novela va avanzando a golpes de chistera y no tenía ninguna esperanza de que se arreglara al final. En efecto, la terminación es tan complicada que habría tenido que dedicar varias horas a desentrañarla. Naturalmente, he preferido emplearlas en otras cosas. Hay que ser muy bueno escribiendo para manejar varias historias y que todo resulte creíble y el lector no se pierda. Recuerdo ahora a un maestro que lo hace muy bien: Ian Pears. Busquen por ahí La quinta verdad o El sueño de Escipion.

Antes que El ladrón de arte, lean La tabla de Flandes de nuestro Pérez-Reverte. Es una novela similar aunque bastante mejor hecha.