Santa Teresita según Van der Meersch

Libro que escribió Van der Meersch (converso) sobre Teresita de Lisieux (una de mis santas favoritas).

A favor:
– La reivindicación de mostrar una santa de carne y hueso, sin colores pastel ni sonrisas beatíficas.
– Muy bien explicado “el caminito” de la infancia espiritual.
– Breve y claro.

En contra:
– Se insiste mucho en lo que le hicieron sufrir en el convento. No tengo dudas de que lo hace sin mala intención, pero faltan elementos sin los que se hace difícil no sacar la conclusión de que faltaban bastantes luces a quienes dirigían ese Carmelo, y, seguramente, eso es injusto.

Recomendable, siempre que no sustituya a la lectura de la imprescindible Historia de un alma escrita por la propia santa.

Poemas de José Luis de la Cuesta


Leo un breve poemario de José Luis de la Cuesta. Me gusta mucho a fuerza de coincidir con la mayoría de las ideas. Se habla del amor y de la mujer (de las guapas, que siempre se sientan junto a otro; de las feas; de las tontas; de las madres), se defiende la vida (toda vida), de Dios, de la pobreza (y de la superficialidad y el lujo). Un libro sincero y claro, a veces algo áspero. ¿La prosa la “prima gorda” de los versos? Habría que discutirlo.

Es interesante ver siempre las citas e influencias declaradas (dime con quien te juntas…): aquí tenemos a Stevenson, Chesterton, Quintana, Flannery O’Connor, Rilke, Conrad y Propercio, entre otros.

12 poemas móvil-escaneados.

Las siete Barbies solteras. Rocío Arana

Breves prosas de la poeta sevillana, unas 60 en 5 bloques, no sé si extraídas de su blog (el blog de Adaldrida). Habla de su vocación de escritora (”jugar era inventar historias”), recuerdos de niñez, el primer abrazo de un hombre, citas con gatos, parafarmacias y maquillajes. Pequeñas memorias-confesiones ricas en detalles. Sevilla, Pamplona, París. Palabras, personas y paisajes. Filóloga hispánica, platónica y tomista. Su color favorito, como el mío, el azul. Una lectura agradable, buscaré alguno de sus poemarios.

“… tuve conciencia de mi vocación cuando abrí los ojos a otro mundo, era imposible no escribir lo que allí estaba sucediendo.

“Abrí el armario de mi habitación y vi la madeja de libros reflejada en el espejo: nunca estaremos solos”.

“Pasan las hojas y el libro nunca se acaba, los poemarios no se terminan nunca: empiezan. “Rocío, estás como en otra parte”. Exacto, estoy doblada en una página. Siempre vuelvo allí. Siempre estoy allí”.