Cristóbal Serra. Biblioteca parva y Diario de signos

Por fin encontré Diario de signos, un libro de Cristóbal Serra que llevaba tiempo buscando, muy recomendado por Llop y otros. Y venía con regalo, porque está incluido en un tomo con todos los libros hasta 1996. Así que he podido leer también algunos de ellos: Péndulo y otros papeles, Con un solo ojo y Biblioteca parva. Serra es un raro exquisito y selecto, con un estilo algo atrancado y de rico vocabulario. Lugares, personas, libros, animales. Religioso, traductor, escritor de brevedades, admirador de los asnos y del taoísmo.

Les dejaré las notas que he tomado, pues es difícil contar su estilo y su contenido. Merece la pena, aunque no tanto como me esperaba.

Les adelanto algunos de sus libros favoritos, comentados en Biblioteca parva, el que más me ha gustado de los cuatro:

Parábolas y ficciones de Chuangsé.
Fábulas de La Fontaine.
Pensamientos y retratos de Vauvenarges.
Política de Dios de Quevedo.
Meditaciones de Max Jacob.
Las encantadas de Melville.
Viajes reales y quiméricos de Michaux.
El matrimonio del cielo y del infierno de Blake.
Diarios de Bloy.
Diario íntimo de Joubert.
Las veladas de San Petersburgo de Maistre.
Visiones de Emmerich.
Flores del mal y Diarios de Baudelaire.
Teatro y Meditaciones de Maeterlinck.
Libros jasídicos.

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El simpatizante. Nguyen. Premio Pulitzer

El libro es flojo en cuanto a la historia. Es una especie de thriller un poco loco que mezcla interrogatorios, confesiones, el rodaje de una película, historia política y análisis de los sentimientos de un refugiado. Un gazpacho que coge poco. El protagonista es hijo de un sacerdote católico que abusó de una chica de 13 años. El libro está lleno de comentarios insidiosos y blasfemos contra la fe.

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Un libro para ellas. Bridget Christie

De vez en cuando hay libros que se saltan turnos. Éste ha sido uno de ellos. Es el libro de una monologuista inglesa especializada en feminismo. Mezcla el relato de su propia historia con el contenido de sus guiones. Es ingeniosa, divertida, inteligente y tiene sentido común. Resulta algo repetitiva: casi todo está en la introducción y en el capítulo primero. Los otros diez es más de lo mismo aunque nunca aburre.

Resulta algo local en muchas de las referencias pero el meollo es universal. No le importa recurrir a lo escatológico ni a cuestiones abiertamente sexuales pero no es lo principal ni resulta impresentable.

Se ríe de todo, como cuando dice que “No debería dedicarme a hacer humor sobre las complejidades de la mente femenina. Ni siquiera conozco mi propia mente”. No tiene pelos en la lengua: “no hay temas intocables, sólo malos guiones”.