¿Dumas o Borges?


Siempre me pregunto porqué adoro El Conde de Montecristo y abomino El aleph, siendo el primero un folletín de ínfima categoría literaria (según algún criterio) y el segundo una obra maestra del sin par Borges.

Para una posible respuesta, copio la entrada del sábado de la página de Luis Daniel González, quien a su vez cita a Eco, quien a su vez habla precisamente de esa obra de Dumas:

“Lectores de segundo nivel

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Bond, James Bond

Me ha sorprendido esta película, de las mejores de acción que he visto últimamente.

El nuevo Bond es más duro que los anteriores, incluso un bruto. Quiere algo y lo toma. No varía de otras entregas la sofisticación electrónica, de armas y de coches. Cambia que el cine cada vez se hace mejor y es más espectacular. Por ejemplo, he visto pocas persecuciones más espectaculares que la que abre la película.

Una novedad: Bond es capaz de enamorarse y de autorreflexionar sobre su trabajo y, aunque no mucho, darse cuenta de que quizás no está muy bien. Quien desde luego no se cosca es su jefe, M, esta vez interpretado por una mujer, para la que todo vale si el fin es bueno (al menos para Gran Bretaña). La chulería que aporta Craig al personaje no cabe en la pantalla pero consigue hacerlo sin caer mal. Algunos intercambios verbales con su partenaire,a demás, son casi inteligentes. ¿Qué más se puede pedir a una película de acción? Daniel Craig y Eva Green están francamente bien.

Una peli que alquilé de rebote, de la que no esperaba mucho y que ha resultado un estupendo entretenimiento.

Por cierto, están editadas en bolsillo recientemente todas las novelas de Ian Fleming de la serie Bond. He leído un par de ellas y están bastante bien.

Hablar de libros

Fin de Ribeyro, de sus Diarios y de las colecciones de cuentos que no conocía. Conocidos también los relatos que venía leyendo, en oleadas, desde 1994, sus Prosas apartidas, sus Dichos de Lúder y una de sus tres novelas (tan mala que no osaré las otras dos), ya debería poder decir algo de este escritor. Para eso debo pararme, repasar mis notas, pensar en él, releer –más a fondo- y analizar los cuentos que más me han gustado, sacar conclusiones, confrontarlas con lo que he leído y guardo sobre él. ¿Lo haré?

Es un buen cuentista sudamericano del S. XX y me gusta, si no todo, buena parte de lo que ha dejado escrito. Bien, pero ese esfuerzo me resta fuerzas y tiempo para otros escritores de ese país o de otro, de ese siglo o de otro, de ese género o de otro. Lo de siempre. Si sé que me gusta, ¿para qué quiero saber por qué? ¿para mi, para poder explicarlo a otros? ¿necesito esto? ¿lo necesitan los otros? ¿o es que la tarea me excede? Los que hablan y escriben cosas acertadas y atinadísimas sobre sus escritores más queridos, ¿han llegado a ellas sin estudio, sólo por intuición? ¿gozarán de un talento para lo literario del que yo carezco?