Prólogos con un prólogo de prólogos. Borges

En este libro de 1975 se recopilan prólogos dispersos escritos entre 1923 y 1974.  Elegidos por el editor Torres Agüero, ofrecen un buen resumen de los intereses del escritor argentino.

En el formidable prólogo de prólogos se lee:

El prólogo, en la triste mayoría de los casos, linda con la oratoria de sobremesa o con los panegíricos fúnebres y abunda en hipérboles irresponsables, que la lectura incrédula acepta como convenciones del género. (…) El prólogo, cuando son propicios los astros, no es una forma subalterna del brindis, es una especie lateral de la crítica.

A pesar de su opinión (“Un libro (creo) debe bastarse”) Borges los escribió con profusión. El hecho estético es, por esencia, repetía, inexplicable. Y sin embargo acierta a justificar muy bien porqué unos sí y otros no, por que hay autores que lo consiguen, y vale la pena leerlos, y otros fracasan, con independencia de la fama que tengan.

Los textos son más largos y elaborados que los de Biblioteca personal, y, quizás por ello, un puntito menos brillantes y fulgurantes. La erudición del argentino es apabullante. Extraordinario el dedicado a Macedonio Fernández. Sus afectos y antipatías literarias salen por todas partes. Hay opiniones y párrafos ya leídos en otras partes (por ejemplo, en Otras inquisiciones, pero eso es lo de menos).

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Borges verbal. Entrevistas

Borges verbal (de Pilar Bravo y Mario Paoletti, 1999) en una presentación en voces, como un diccionario, de las opiniones del argentino sobre todo tipo de cuestiones. Naturalmente literarias pero también políticas, vitales y variopintas. Están sacadas de entrevistas para periódicos. No esas entrevistas largas (Alfiano, Charbonnier, Carrizo, Ferrari) recogidas luego en libros, sino las breves.

Más de 700 breves entradas que se leen con placer, pletóricas de agudezas, sentido del humor, talento e ironía. Muchas de estas ideas no las veremos en un libro firmado por el autor, pero aquí sí se permite espontaneidades y sinceridades que nos lo muestran al completo. El trabajo de los compiladores es muy bueno y lo engrandecen, además, con dibujos, fotografías y anécdotas que incluyen en los márgenes. Borges aparece como un poeta ciego y superior, por encima del bien y del mal, al que todo se le permite. He anotado multitud de cosas que les dejaré cuando las ordene un poco: el orden alfabético del libro es simpático, pero pienso que es más útil agruparlas por temas.

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Borges, Biblioteca personal

Releo este estupendo libro de Borges, al margen de su producción canónica.

En 1984 la editorial Hyspamerica (libros de kiosko) propuso a Borges seleccionar y prologar una colección cerrada de cien obras de lectura imprescindible. Desde mayo de 1985, empiezan a publicarse a razón de uno por semana. En 1986 muere Borges quien sólo llegó a escribir 66 de los prólogos. Son los que recoge este libro.

Borges es un excelente lector y se nota en sus comentarios. Breves, incisivos, originales y sorprendentes. En su estilo terso y perfecto. Sobre los autores elegidos: no se incluyen los obvios (Dante, Shakespeare, Cervantes), hay pocos españoles e hispanoamericanos, de algunos un buen lector puede no haber oído hablar nunca y, de los conocidos, casi nunca se elige su obra más famosa.

Algunas ideas en las que se insiste de diferentes formas:
– Toda ficción es una impostura; lo que importa es sentir que ha sido soñada sinceramente.
– La imprescindible virtud de la literatura es el encanto.
– A un escritor le está permitido urdir fábulas, pero le está vedado saber cuál es la moraleja.
– Juzgamos a los libros por la emoción que suscitan, por su belleza, no por razones de orden doctrinal o político.

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