Connelly

Me he puesto al día con Connelly. El periodista Jack McEvoy (recuerden, de El poeta) quiere despedirse a lo grande del Times LA que le quiere poner de patitas en la calle. Investiga un caso aparentemente cerrado y entra de nuevo en contacto con Rachel Walling (FBI, antigua conocida de los seguidores de Connelly). Se enfrentan a unos sádicos sexuales que asesinan a chicas jóvenes de largas piernas.

McEvoy y Walling forman una excepcional pareja llena de impulso e instinto. Connelly es imparable una vez la historia echa a andar. Imposible dejarla. El climax final no es de los más conseguidos pero lo importante, como tantas veces, es el trayecto. El ritmo es estupendo y no hay descripciones morbosas. Connelly no pone el acento en la truculencia ni en la sorpresa (conocemos a los culpables desde la segunda página), sino en la tensión (el proceso, la secuencia) y en la personalidad de los personajes, perseguidores y perseguidos.

Recuerden este cuadro para situar la obra. Actualización 10.III.14

Cobra

Política ficción. Una fantasía: dar todo el poder a alguien, sin límite de recursos, sin preguntas, para que haga desaparecer el negocio de la coca en el mundo. La cuestión es si el gobierno de USA está dispuesto de verdad a llegar hasta el final y asumir todo el coste.

Tenemos a dos personajes de anteriores novelas de Forsyth embarcados en la ambiciosa misión. El resto es el conocido oficio del escritor inglés: cambios de escenarios, múltiples acciones y personajes, acrónimos por todos lados, detallada descripción de todo tipo de armas y un conocimiento milimétrico del imperio de la droga. La novela va a mil por hora. Me ha parecido que los personajes están poco trabajados y todo se reduce a una espiral de hechos supersónica con poco elemento humano. De todas formas, es entretenida.

Forsyth sigue lejos de sus mejores libros y ya sólo le sigo por una especie de lealtad sentimental. La ficción de intriga criminal va desde hace años por otros derroteros mucho más duros (Ellroy, Winslow), con personaje más trabajados (Baldacci) e historias más complejas (Connelly).