Cobra

Política ficción. Una fantasía: dar todo el poder a alguien, sin límite de recursos, sin preguntas, para que haga desaparecer el negocio de la coca en el mundo. La cuestión es si el gobierno de USA está dispuesto de verdad a llegar hasta el final y asumir todo el coste.

Tenemos a dos personajes de anteriores novelas de Forsyth embarcados en la ambiciosa misión. El resto es el conocido oficio del escritor inglés: cambios de escenarios, múltiples acciones y personajes, acrónimos por todos lados, detallada descripción de todo tipo de armas y un conocimiento milimétrico del imperio de la droga. La novela va a mil por hora. Me ha parecido que los personajes están poco trabajados y todo se reduce a una espiral de hechos supersónica con poco elemento humano. De todas formas, es entretenida.

Forsyth sigue lejos de sus mejores libros y ya sólo le sigo por una especie de lealtad sentimental. La ficción de intriga criminal va desde hace años por otros derroteros mucho más duros (Ellroy, Winslow), con personaje más trabajados (Baldacci) e historias más complejas (Connelly).

Bosch, entrega 15

Caso 15 de Harry Bosch.Novedad: las tríadas orientales. Mafia china.Otra novedad: su hija, lo único que realmente lo hace vulnerable.

Por lo demás, despliegue de Connelly lo que ya ha demostrado muchas veces que conoce al dedillo: balística, autopsia, seguimientos, escuchas, pruebas, tecnología, trabajo con tribunales, etc.

Bosch imparable, como siempre, refleja como pocos la figura del detective como hombre con una misión.

Está muy bien, como casi todas. Una sola pega, el auténtico climax llega demasiado lejos del final y ya cuesta leer un poco lo que queda.

Connelly

La última novela de Connelly me ha parecido más flojita de lo habitual en él. Se trata básicamente de un juicio, Mickey Haller de nuevo. Bosh aparece también pero en una proporción 20/80 a favor de Haller.

Los libros de juicios son todos un poco iguales. Connelly lo hace bien, como siempre, todo muy creible y con las necesarias sorpresas, giros y contragiros, incluso mete un clímax culebrístico final (de “culebrón”). De fondo, la misma idea de la anterior y primera y mucho mejor novela con Haller: el cinismo de la profesión de abogado, el escaso papel que juega la verdad en el proceso judicial. Todos mienten.

El veredicto será una estación de paso obligada entre los seguidores de Connelly, pero no de las más recordadas.