Volver a leer a Alejandro Dumas

Es tan difícil imaginar la biblioteca de cualquier hogar sin una novela de Dumas como encontrar en cualquier historia de la literatura, en principio rigurosa, más de quince o veinte líneas dedicadas a su obra. El próximo 24 de julio se celebra el segundo centenario de su nacimiento y es un buen momento para reinvindicar la figura del hombre más leído de su tiempo.

Extraordinario y paradójico, a medio camino entre la genialidad y la incultura, extravagante y presuntuoso, encantador e imaginativo. Vivió al dictado de fuertes impulsos: amor propio, horror a la pobreza, necesidad de medrar, fascinación por lo heroico, vanidad rayana en la manía, donjuanismo, prodigalidad y fanfarronería.

Con increíble capacidad de trabajo, Dumas es una auténtica fuerza de la naturaleza. Nadie lo ha leído entero.  Ni el mismo, no sólo porque no se releía, sino por que no escribía todo lo que llevaba su firma. Entre 1826 y 1870 escribió alrededor de 91 obras de  teatro, unas 200 novelas o relatos cortos, unos 10 volúmenes de memorias y unos 19 de impresiones de viajes. Funda y dirige 8 periódicos y acaba su vida redactando un libro de cocina.

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La mano del muerto

Una especie de continuación del inmortal Conde de Montecristo. ¿Es de Dumas realmente? Hay serias dudas de la autoría. Se habla incluso de un portugués (Alfredo Hogan). El que la prestó en su día me dijo que nada que ver con el Montecristo. Total, la empecé con pocas ganas. Luego no está tan mal. Montecristo acaba de pena perseguido por la furia de Benedetto (hijo de Villefort y de la mujer de Danglars). En conjunto merece poco la pena.

Edmond Dantés

Termino mi tercera lectura del Conde de Montecristo, la primera vez que lo hago en francés. Creo, no lo he comprobado, que las ediciones españolas no son íntegras, por los detalles que me suenan a nuevos. En cualquier caso, la historia me ha vuelto a encandilar. Es uno de los libros que más he recomendado en mi vida, sin dejar de recordar nunca que el fondo del asunto -una venganza- es dañino. Edmond Dantés tiene razones pero no tiene razón.

Me ha vuelto a mosquear la desproporción entre lo que se le viene encima a Villefort (por no decir a Fernand) y lo poco que sufre Danglars, el “enemigo” que más odioso me resulta.

Para mi este libro es una referencia (como El Señor de los Anillos, y alguno más) que no olvido cuando me preguntan cuanto me gusta cualquier otro libro. Son mi metro de medida.