Bovary según Cheever


Cheever
siempre consideró Madame Bovary como uno de sus libros preferidos, y se refería a esta novela como «mi Yale College y mi Harvard. Es probable que la haya leído unas veinticinco veces. Varias de ellas en francés». En una entrevista de 1969, Cheever explicó:

“Es una gran novela porque su prosa es absolutamente precisa y simplemente perfecta. Madame Bovary fue un más que considerable momento de inflexión en la historia de la literatura, una verdadera innovación. Y está claro que todas las grandes novelas son innovadoras, pero Madame Bovary fue, para empezar, el primer relato que tenemos de una esquizofrenia controlada. Y es, también, una muy aventurera historia del tipo moral. Ya sabes que el libro fue censurado y Flaubert llevado a juicio. No hay dudas de que la parte más ofensiva de la novela es cuando Emma se sienta a fumar en la mesa”.

Tirano Banderas

Flaubert escribía a Louise Colet en una carta que la eficacia y la honradez de la novela está en dejar que los personajes actúen y las cosas sean. Presentar, no narrar. Baroja y Unamuno redactan, Valle escribe.

Vuelvo a a mirar en mi estantería los dos tomos de la edición de Espasa de la obra completa de Valle. La lectura del Valle de Umbral me presiona para leer lo que me falta: Lámpara maravillosa, Claves Líricas, Comedias, Ruedo, … quizás algo más.

Mi flechazo fue con Tirano. No entendí en su día Luces y algo más, aunque tampoco me entusiasmó, Divinas palabras. Me encantó la serie de Guerras Carlistas, notable a las Sonatas y a las colecciones de relatos. Ahora no recuerdo -de memoria- que me haya entusiasmado nada de su teatro. Tirano entraría entre las veinte primeras (¿o las diez?) de cualquier selección universal que ahora hiciera. Es una explosión de castellano como pocas veces he visto. Deslumbrante.

Miren esta página sobre Valle, está llena de cosas suculentas.

Flaubert

Flaubert llevaba leídos en el año de su muerte cerca de 1.500 libros para documentar Bouvard y Pécuchet, última e inacabada novela. Se negó a vivir, negó el mundo y la existencia, a cambio de la prosa.Su magisterio es sagrado para muchos escritores y es un indiscutible para todos los buenos lectores.

Si no lo conocen, lean al menos su Tres cuentos, con la inolvidable Felicité. Sus Cartas a Louise Colet son un clásico, lectura imprescindible para los amantes del proceso de escritura en general y de Flaubert en particular.