Las señoras. Jiménez Lozano

Las protagonistas de esta novela son dos señoras de 79 y 82 años, hermanas solteras, cultas y leídas. Hay un concurso televisivo y una pupila que vive con ellas, que hace la tesis y tiene algo que ver con las drogas. El resto de personajes son la asistenta, el canónigo, un doctor y el comisario. Lo mejor del libro son Constancia y Clemencia, contundentes, independientes y de marcada personalidad. Junto a eso, el excelente castellano de siempre del autor, al que siempre agradecemos, además, su brevedad.

Los cuadernos de Rembrandt. Jiménez Lozano

JIMENEZ LOZANO_RembrandtSexto libro de notas de Jiménez Lozano. Un escritor castellano grave y profundo, espiritual y sereno, cristiano. Aquí no hay nada de paja. La cultura y la incultura, el janseanismo y las historias talmúdicas, sus lecturas (Kierkegaard, Canetti, Jünger, Bobin, Spinoza, Weil, los Goncourt,…), poemas, el lenguaje, la naturaleza, arte y pintura, la educación.

Pesimismo cultural. Por desgracia, muy informado.

Jiménez Lozano me parece un gigante. Muchas veces estoy seguro de no estar entendiendo todo lo que dice. Lee cosas de las que ni siquiera he oído hablar. Pero es agradable pasar ratos en su compañía, que algo siempre se va pegando.

Dice Joseph Roth, en una página de sus Crónicas berlinesas: “Dios nuestro Señor inventó la arena expresamente para los niños, a fin de que estos, en su sabia ignorancia de lo que es jugar, simbolizaran el sentido y el propósito de la actividad terrenal. Con la pala introduce la arena en un cubo de hojalata, La llevan a otro lugar y allí la vierten. Luego llegan otros niños y, de nuevo con la pala, devuelven la arena a su lugar de origen. Así es la vida”.

Nos acordamos del viejo Qohelet: todo lo que en este mundo ocurre se resume en que el sol sale, da una vuelta y se pone; para hacer lo mismo al día siguiente.

Jiménez Lozano, diarios

A finales de los 90 me entusiasmé con Jiménez Lozano. Cobró cierta fama con El mudejarillo, un libro bastante difícil, y busqué otras cosas suyas. Curiosamente, la novela que más recuerdo es de sus primeras, Historia de un otoño, donde recrea la conocida historia de la muerte de unas monjas de Port-Royal. Me parecía un escritor serio, breve (llevando la elipsis al borde de lo incomprensible) y con ideas interesantes sobre el hombre. No sé muy bien por qué dejé de leerle, seguramente porque no conseguía entretenerme además de interesarme.

El otro día me escribió una chica que hace la tesis sobre sus textos periodísticos y volví a pensar en él. Busqué unos relatos recientes y llevo atascado con ellos un mes. Ahora lo he intentado con un tomo de sus diarios, Los cuadernos de la letra pequeña. No tienen nada que ver con los dietarios al uso. Jiménez Lozano da la impresión de vivir inmerso en los libros, el arte, la música, la teología, la belleza. Se relaciona también con personas (de ahí las “X.”, “L.” o “G.” de algunas entradas) y está atento a la prensa. De todo ello se nutre este libro. Comenta un libro, la muerte de un escritor, una cita, incluye un breve texto, reflexiona sobre la educación, reproduce la noticia de un periódico. Da la impresión de leer en varios idiomas.

Creo que se hacen una idea sobre si les puede interesar o no. Por mi parte, vuelvo a plantarme.