Una pena en observación. C. S. Lewis

LEWIS_Una pena en observaciónA Lewis le llegó el amor siendo maduro y el cáncer de Joy hizo que durara poco. Toda la lucidez y la batería de argumentos que exhibe en El problema de dolor se van al garete cuando muere su mujer.

“Si me han derribado la casa de un manotazo es porque se trataba de un castillo de naipes”. No llega a dudar de Dios pero se pregunta ¿cómo es Dios realmente? ¿dónde está ahora? ¿es bueno? Está tan abrumado por los sentimientos que no puede pensar. Este librito contiene las notas con la que intenta hacer frente a su hundimiento.

La pena (y la desidia que le acompaña) ¿es miedo, es suspense, es expectativa? “La vida se juega con dinero, no con fichas o calderilla”. Está aplastado pero no quiere dejarse llevar por la autocompasión. Es interesante contrastar todo lo que se dice aquí con lo que enunció antes en su libro citado.

Dice cosas muy bonitas sobre el amor:

Este es uno de los milagros del amor; que consigue dar a la pareja —pero quizá más aún a la mujer— el poder de penetrar en sus propios engaños, y a pesar de todo no vivir desengañada. Tener una visión un poco parecida a la de Dios. El amor de Dios y su sabiduría no se diferencian entre sí ni de Él mismo. Casi podríamos decir que ve porque ama, y por lo tanto que ama, a pesar de que ve.

En una ocasión, cuando ya se acercaba su final, le dije: «Si puedes, si te dejan, ven junto a mí cuando yo también esté en mi lecho de muerte.» «¿Dejarme? —me contestó—. Trabajo le va a costar al Cielo retenerme. Y en cuanto al Infierno, lo rompería en pedazos.»

Si no han visto la preciosa película de Attenborough (Tierras de penumbra, 1993) no dejen de hacerlo. El dolor como el megáfono de Dios contra un mundo sordo, el dolor de ahora como parte de la felicidad futura. Una norteamericana como un soplo de alegría y espontaneidad en un mundo académico masculino estricto e hiperformal. Nieblas y coros de gregoriano. Los dos actores principales estupendos.

El problema del dolor. Lewis

LEWIS_DolorPara mi Lewis es el apologista cristiano más interesante. O, al menos, el que más me gusta. Es un pensador y ensayista espeso en algunos momentos pero que siempre hace que el esfuerzo valga la pena. Como narrador me parece limitado, pero sus artículos y ensayos breves me parecen una lectura imprescindible para todo aquel que quiera profundizar en la dimensión espiritual del hombre.

Después de recomendarlo a un amigo que necesitaba este libro, he releído El problema del dolor y he vuelto a disfrutar con sus explicaciones, argumentos y ejemplos. Es breve pero enjundioso. El asunto no es una cuestión fácil pero merece la pena dedicarle algún esfuerzo pues todos hemos de pasar por él. Lewis es bastante lógico, nada enfático ni dogmático, no pretende imponerse con violencia mientras nos conduce sin resquicios a donde quiere llegar.

El complemento natural de este libro es el que escribió a la muerte de su mujer, Una pena en observación.

Los Inklings

Interesante la lectura de Los Inklings. Me ha servido para conocer más la figura de C.S. Lewis, pieza central del grupo, para saber algo de Charles Williams (aunque sin interés por leerlo), y para admirar una vez más esos estupendos conciliábulos masculinos de que son capaces los ingleses (amistad, intereses intelectuales).

Carpenter recrea esas célebres reuniones nocturnas de los jueves en el Magdalen de Oxford: te y cerveza, chimenea, lectura de textos propios, charlas sobre coinherencia, teología romántica, sagas nórdicas, planes de estudio de lengua inglesa, etc.

Tolkien es un gigante, Lewis un escritor importante y todos los demás del grupo están muy por debajo. Esta lectura es un buen complemento a los libros de ambos, así como a la biografía de Tolkien del mismo Carpenter, y al estupendo Escritores conversos del S.XX de Pearce.