El problema del dolor. Lewis

LEWIS_DolorPara mi Lewis es el apologista cristiano más interesante. O, al menos, el que más me gusta. Es un pensador y ensayista espeso en algunos momentos pero que siempre hace que el esfuerzo valga la pena. Como narrador me parece limitado, pero sus artículos y ensayos breves me parecen una lectura imprescindible para todo aquel que quiera profundizar en la dimensión espiritual del hombre.

Después de recomendarlo a un amigo que necesitaba este libro, he releído El problema del dolor y he vuelto a disfrutar con sus explicaciones, argumentos y ejemplos. Es breve pero enjundioso. El asunto no es una cuestión fácil pero merece la pena dedicarle algún esfuerzo pues todos hemos de pasar por él. Lewis es bastante lógico, nada enfático ni dogmático, no pretende imponerse con violencia mientras nos conduce sin resquicios a donde quiere llegar.

El complemento natural de este libro es el que escribió a la muerte de su mujer, Una pena en observación.

Los Inklings

Interesante la lectura de Los Inklings. Me ha servido para conocer más la figura de C.S. Lewis, pieza central del grupo, para saber algo de Charles Williams (aunque sin interés por leerlo), y para admirar una vez más esos estupendos conciliábulos masculinos de que son capaces los ingleses (amistad, intereses intelectuales).

Carpenter recrea esas célebres reuniones nocturnas de los jueves en el Magdalen de Oxford: te y cerveza, chimenea, lectura de textos propios, charlas sobre coinherencia, teología romántica, sagas nórdicas, planes de estudio de lengua inglesa, etc.

Tolkien es un gigante, Lewis un escritor importante y todos los demás del grupo están muy por debajo. Esta lectura es un buen complemento a los libros de ambos, así como a la biografía de Tolkien del mismo Carpenter, y al estupendo Escritores conversos del S.XX de Pearce.

La lógica de Lewis

Buena anécdota de la infancia de C. S. Lewis, clave para entender a este autor, y para interesarse por él, en mi opinión. La cuenta Carpenter en Los Inklings:

Lewis deja el colegio y pasa a ocuparse de su educación un tutor particular, un tal W. T. Kirkpatrick. Sólo le interesaba la racionalidad y la lógica. Se conocen y, Lewis, por ser amable y romper el hielo, hace una amable comentario sobre los campor de Surrey, algo así como “son más bucólicos de lo que había imaginado”. Kirkpatrick gritó: “¡Cállate! ¿Qué quieres decir con bucólicos? y ¿qué fundamentos tenías para creer que no fueen así?” Le enseñó a hablar proposiciones lógicas y a defender sus opiniones con argumentos. Kirpatrick solía repetir: “Yo no tengo opinión alguna sobre nada”.

Bien como método educativo, pero me imagino la tensión que debía haber en esa casa. ¿No les parece?