El bien, el mal y la literatura


No puedo estar menos de acuerdo con esta concepción del arte de Philip Roth. La cita es larga pero vale la pena leerla entera para seguir su racionamiento. Está tomada de un artículo recogido en Lecturas de mi mismo, que he comentado hace unos días. Si tienen un poco de paciencia, descubrirán por qué libros que podrían ser excelentes sólo se quedan en buenas piezas técnicas.

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Philip Roth, Lecturas de mí mismo

Si hay algo que un escritor tan serio como Philip Roth se toma muy en serio, es la literatura y, en particular, su propio trabajo. Es un buen escritor y es importante, por eso se ha hablado mucho de él. La fama y el escándalo le llegaron muy pronto y por eso lleva muchos años explicándose a sí mismo y a su obra. Esta recopilación es una prueba.

Muchas cosas eran conocidas por Los hechos y de El oficio de escritor, pero sin duda este trabajo arroja nueva luz sobre una figura contemporánea clave. En la primera parte del libro se recogen varias entrevistas realizadas entre 1969 (tras El Lamento de Portnoy) y 1985 (tras la trilogía de Zuckerman). Se analiza la obsesión sexual, muy presente en su obra, particularmente en sus primeros libros. Justifica cómo la familia, la educación, la religión y la política son para él las fuerzas coercitivas por excelencia, canales del poder y sometimiento, otro tema clave recurrente en sus libros. Una y otra vez sale la cuestión de su condición judía. Roth explica que se guía por el gusto y el tacto literarios, y que no piensa en un público de determinada educación, tendencias políticas o religiosas y que hay que leer sus libros como obras de ficción.

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Los hechos (Philip Roth)

Roth publicó esta Autobiografía de un novelista hace veinte años y en ella nos cuenta cinco episodios de su biografía, desde su etapa de formación a sus primeros éxitos, que completará dos años después con el relato de muerte de su padre (Patrimonio, 1991). En realidad, aporta pocas cosas nuevas a los lectores de sus novelas. “Como su padre”, Roth siempre habla de tres temas: la familia, Newark (New Yersey) y lo judío. Primero la infancia y la familia, un refugio único, indivisible e inviolable contra toda forma de amenaza; el béisbol como gran iglesia laica, sus esfuerzos de norteamericanización y su progresiva conciencia de que no es necesaria ninguna asimilación. Luego la adolescencia y la preparación para la universidad, separarse de los constreñimientos de una educación severa, la búsqueda de independencia y de afirmación sexual, lo que él denomina “hacerse un hombre”. Pronto destaca por su inteligencia, se autoafirma en sus ideales democráticos y principios liberales y se hace notar en las confraternidades universitarias.

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