Lindell

Marian Dahle acaba de incorporarse a la brigada criminal de la policía de Oslo. Su infancia difícil de hija adoptada le ha dejado tocada para su relación con los demás, y no será fácil su integración en el nuevo grupo, liderado por Cato Isaksen, pese a demostrar repetidamente su intuición y tenacidad, junto a su capacidad para juntar piezas y adelantarse. Se enfrenta a dos casos, quizás relacionados: la desaparición de un niño y la muerte de una inmigrante ilegal.

La narración es extraordinariamente intensa, tanto en la descripción de la investigación criminal, resuelta en una compleja y sorprendente secuencia de hechos, como en la evolución de las relaciones de Marian con sus nuevos compañeros, especialmente con su jefe inmediato. Hay un buen equilibrio entre los dos ejes de la novela, en la que queda claro desde el principio que la intriga policial no es el único ni principal motor. Una prueba es que el lector suele saber cosas antes que los investigadores, cuando lo normal es que las descubran a la vez. La autora esquiva el fácil reclamo de la violencia explícita y brutal y trata sin detalles los elementos más morbosos de algunos momentos de la trama. El estilo es cuidado y muy atento a lo psicológico, sin descuidar los hechos.

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Inicios de Adamsberg

Me quedaba esta pendiente (además de la última, que no he leído), y es creo el primer caso de Adamsberg, recién llegado a su unidad. El comisario rompió el molde. Danglard nos informa de que el día en que Dios le creó había pasado una mala noche y estaba escaso de material, pidió algunos bártulos a diablo y ambos compusieron una mezcla de intuición, indiferencia, belleza, suavidad y flexibilidad, no se sabe en que proporciones.

Adamsberg es la ensoñación, la falta de método, los paseos, la lentitud y la calma, el genio. El éxito. En este caso se enfrenta a una trama espectacular que involucra una nueva plaga de peste en París, el diario de Pepys, un resucitador del trabajo de pregonero, el cuarteto inefable de los Vandoosler, Lucien y Mathias y, por supuesto, a Danglard (la reflexión, el papel, la tenacidad) y a Camille. Ya he comentado suficientemente las novelas de Vargas, y ésta es de las mejores. No digo más.

Culturales

Cada vez leo menos los culturales de los periódicos. Me he propuesto volver al menos a echarles un vistazo para ver las novedades. Aquí me apunté algunas reseñas para tenerlas a mano (si es que llego a leer esos libros).

Roth, La humillación.
Pérez-Reverte, El asedio.
Barnes, Nada que temer.
Vargas, un lugar incierto.