Fouché. Stefan Zweig

ZWEIG_FouchéApasionante retrato de la erótica del poder. En 1790 profesor en un seminario, en 1792 saqueador de iglesias, en 1793 comunista,  cinco años después multimillonario y otros diez años después Duque de Otranto. En todas las salsas, siempre la main dans la pâte: Revolución (Convención), Directorio, Consulado, Imperio y Monarquía. Siempre por encima de sus oponentes: Robespierre, Napoleon o Talleyrand.

Diplomático, artista de manos ágiles, palabras vacías y fríos nervios. Hombre poderoso, singular, encontró poco amor entre sus contemporáneos y aún menos justicia en la posteridad. Maestro del saber callar, de la ocultación y de la observación de las almas. Resistencia contra el lujo y el boato, capacidad para saber ocultar la vida privada y los sentimientos personales. Nunca titular visible del poder y, sin embargo, tenerlo por completo. Tirar de todos los hilos sin pasar jamás por responsable. Rostro feo y repelente, voz quebradiza. Donde es más fuerte es en su escritorio, en la sombra. Espiar. Audaz valor y absoluta falta de carácter e imperturbable falta de convicciones. Demoníaco, maquiavélico, acrobático. Intrigante y conspirador nato.

Traidor, miserable, puro reptil, tránsfuga profesional. Siempre se deja abierta la retirada. Sólo conoce un partido al que es y será fiel hasta el final: el más fuerte, el de la mayoría. Un botón de muestra: cuando Napoleón hace matar al Duque de Enghien, Fouché comenta: “fue más que un crimen, fue un error”.

El personaje más interesante de su siglo desde el punto de vista psicológico. Gran inteligencia y gran capacidad de trabajo. Desfachatez: nunca abandona traidoramente de forma lenta y cautelosa. Se marcha en línea recta, a plena luz del día, sonriendo fríamente.

Una época interesantísima y un personaje único.

Los libros en la torre de Montaigne

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Sabiendo que los puedo disfrutar cuando quiera, estoy satisfecho con el mero hecho de poseerlos. Nunca viajo sin libros, ya sea en tiempos de paz o en tiempos de guerra. Pero a menudo paso días y meses sin mirarlos. Los leeré poco a poco, me digo, mañana o cuando me plazca… Son las mejores provisiones que he encontrado para este viaje de la vida.

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Los libros no son como los hombres, que lo asedian y lo importunan con su palabrería y a quienes resulta difícil eludir. Si no se los llama, no vienen; puede tomar éste o aquél, a su antojo.
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Mi biblioteca es mi reino y en ella trato de que mi gobierno sea absoluto.

Palabras de Montaigne extraídas del Montaigne de Zweig.

Montaigne según Zweig

ZWEIG_MontaigneUn placer ver unidos los nombres de dos escritores que estimo mucho.

Breve e intenso ensayo biográfico, una buena introducción Montaigne. Terminado, es difícil que no se despierten las ganas de (re)leer al pensador francés. Zweig, como siempre, es claro y apasionado. Emplea varias veces la palabra “librepensador” para referirse al gascón, pero creo que es más acertado decir “espíritu libre”. De ascendientes burgueses comerciales y judíos, y de familia noble desde hacía media hora, Montaigne era un curioso impenitente, abierto a todo y continuo escudriñador de sus propias opiniones acerca de cualquier asunto, sin ideas preconcebidas ni atención a las modas. Desde los 38 años se encerró a leer, estudiar y pensar, con algunas “salidas” para viajar o ser alcalde de Burdeos unos años. Fue esposo y padre y tuvo su papelito en la alta política.

Su legado es importante y es más que recomendable la lectura de sus tres tomos de Ensayos. De las ediciones españolas disponibles recomiendo la de Cátedra Aurea o la de El Acantilado.