Verbo y acción

La sustancia del cuento es el verbo, pues los verbos implican acción y el cuento es un sistema de acciones de principio a fin. Así, podemos decir que la sustancia humana (venganza o celos) debe representarse con un hecho narrado; el hecho narrado se despliega en un sistema de acciones con base en los verbos, lo cual lleva a mostrar la sustancia humana, que a su vez es el hecho narrado, que es un sistema de acciones, y así circularmente hasta el infinito.

[Fuente: Guillermo Samperio, “Cómo se escribe un cuento», 2008. Selección y orden propios]

Echarle a uno el muerto

Echarle a uno el muerto

La expresión echar el muerto y sus variantes echar el muerto a casa, a puerta ajena o al vecino, se utilizan comúnmente para imputar a un tercero la culpa de lo que no ha hecho. Al parecer, el origen de la expresión se remonta a la Edad Media. Según las leyendas medievales, cuando dentro del término de un pueblo aparecía el cadáver de una persona muerta de forma violenta y no se llegaba a esclarecer quién había cometido el asesinato, los habitantes de dicho municipio estaban obligados a pagar una multa. Para evitar saldar la sanción, que se conoce como homicisium, los vecinos aguzaban el ingenio hasta límites insospechados. Uno de los recursos más utilizados era no airear el hallazgo, meter el cadáver o cadáveres en sacos y, en la oscuridad de la noche, arrojarlos en el término de otro pueblo próximo. Echar el muerto a otro pueblo vecino equivalía, pues, a cargarle con la responsabilidad de un crimen y con la multa correspondiente, salvo que se entregara o se capturara al asesino.

Némesis, de Nesbo

Hoy en España uno de cada dos libros de éxito es una intriga policiaca, más o menos negra. De esos, uno de cada dos está escrito por un autor nórdico. Los escandinavos aportan calidad literaria y reflexión sin descuidar el misterio. El noruego Nesbo (1959) está entre los mejores. Ha sido deportista, broker y cantante y ha escrito ocho novelas protagonizadas por el policía Harry Hole. En España se han publicado la tercera (Petirrojo) y la cuarta (Némesis).Nesbo toma bastante de la novela negra norteamericana y muchos elementos suenan a vistos: detective altamente competente y adicto al trabajo, para él más una vocación que un empleo; intuitivo, testarudo; ambiguo y con un no siempre controlado lado oscuro, más bien violento y de métodos poco ortodoxos (es decir, tiene problemas con sus jefes); de lengua rápida y vida personal desordenada (sentimentalmente inestable, problemas de alcohol; corazón partido e hígado destrozado). Estas novelas se convierten en interesantes cuando, uno, las tramas están bien hechas (ambiciosas, coherentes, complejas, imprevisibles) y, dos, la historia trasciende la investigación y resolución de un crimen y aspira a reflejar y explicar vida en directo, de una sociedad y de unos personajes. Todo esto hay en Némesis, una novela impecable técnicamente y altamente emocionante.