Novela negra

Tomo del Laberinto (suplemento cultural mejicano) esta matización que diferencia novela negra de novela policial:
(la pista es del Moleskine literario).

La novelística negra hace a un lado el hecho intelectual y pone en el centro lo puramente fáctico. El relato, ahora, no está quieto: se dinamiza; o, lo que es lo mismo, ya no será contado al lector, sino que será mostrado al lector. Marlowe o Archer —los detectives de Chandler y MacDonald, respectivamente— no son externos a los hechos, integran, en realidad, el cauce de la historia, provocando accidentes, recibiendo tundas, fascinándose ante mujeres aristocráticas y hermosas. Allí está la corrupción estatal y las consecuencias de la Ley Seca, y la música del jazz, y los gánsters, y los tugurios clandestinos de venta de whisky. Hasta acá, la reseña tradicional.

La obra de Cain, que maneja estos elementos y estos ambientes, se articula a partir de una eficaz inversión de términos: narradas en primera persona, las historias se ubican en la perspectiva de los asesinos. Con una prosa hosca, directa —en la que sin embargo suceden, también, chispazos de claro sentimentalismo—, en vez de un enigma, sus novelas desenvuelven con amargura el crimen que será cometido. El triunfo de “el bien” corresponde consecuentemente al momento en que atrapan a los personajes: no hay investigación policial, ni misterio por resolver, a no ser el desmoronamiento paulatino de los planes trazados: porque una constante que resuena a lo largo de buena parte de la obra de este escritor es la fatalidad o el destino como fuerza que excede, golpea y destruye la vida de los protagonistas.

Un hombre cae por culpa de una mujer, por haberse enamorado de esa mujer, comete un crimen, ella es su cómplice: este argumento fundamenta dos de sus novelas más famosas que fueron, además, llevadas al cine: Doble identidad (traducida al español como Pacto de sangre, 1936), y la siempre mencionada, El cartero siempre llama dos veces (1940). Esa relación tan estrecha que establecieron los escritores de género con los guiones de Hollywood no le fue ajena; además, publicó novelas con formato pulp, Galatea (1953), Mignon (1962) y El instituto (1976), entre otras. Murió alcohólico, en 1977, en Maryland, lugar donde había nacido.

Aprender a ver cine

 


Me encantan los libros de cine. Tengo en mi habitación esperando una biografía de Wilder y unas entrevistas a guionistas. Caparrós acaba de publicar uno. Leí hace algún tiempo una historia suya del cine europeo y me gustó. Le gustan cosas normales y aprecia lo que el espectador común. Lo buscaré y lo recomiendo sin haberlo leído.

Esto dice de su libro Alberto Fijo en Aceprensa

Guía del espectador de cine
José María Caparrós Lera
Alianza. Madrid (2007). 314 págs. 7,50 €.Nuevo libro del historiador del cine Caparrós Lera, que reúne en una manejable y económica edición de bolsillo datos y herramientas para acercarse al cine desde una pespectiva didáctica, con una sistemática pragmática, sencilla y útil.El autor lleva mucho años enseñando cine en la Universidad de Barcelona y conoce bien la enseñanza media. Quizás por eso ofrece un libro muy asequible que, como él mismo señala, será de especial utilidad para los profesores de Secundaria que quieran explicar cine a sus alumnos o sacar partido docente al visionado de una película en el aula.

La mano del muerto

Una especie de continuación del inmortal Conde de Montecristo. ¿Es de Dumas realmente? Hay serias dudas de la autoría. Se habla incluso de un portugués (Alfredo Hogan). El que la prestó en su día me dijo que nada que ver con el Montecristo. Total, la empecé con pocas ganas. Luego no está tan mal. Montecristo acaba de pena perseguido por la furia de Benedetto (hijo de Villefort y de la mujer de Danglars). En conjunto merece poco la pena.