Rectificar es de sabios

De Ross McDonald leí El martillo azul (su última novela de Archer) en la colección barata que sacó El País hace unos años. No recuerdo nada de ese libro. No me llamó la atención.

Afortunadamente, la intuición de que era yo el que estaba en el error me ha hecho leerle de nuevo, gracias a que RBA ha reeditado en su Serie Negra La mirada del adiós, y a que estaba en la Biblioteca pública.

Es Chandler total, incluso de trama más compleja aún. La he leído un poco rápido y a veces me he sentido algo perdido. Archer es listo y sabe qué información debe dar a cada interlocutor, no siempre la misma ni toda, pues de algunos sospecha (a veces) y otros son sus patrones (a veces). Está la ley pero también su modo de entender la justicia.

Los diálogos son bastante buenos. No se enfrenta a criminales sino a gente acomodada que ha tenido deslices en el pasado.

Imperdonable desde luego que ni lo haya citado en el artículo de novela negra que les dejé.

Ordalía

Poner la mano en el fuego

La procedencia de este dicho, que se utiliza para manifestar el respaldo total a alguien o algo, se remonta a la época en la que se practicaba el llamado juicio de Dios. También conocida como Ordalía, ésta era una institución jurídica que dictaminaba, atendiendo a supuestos mandatos divinos, la inocencia o culpabilidad de una persona o una cosa -un libro, una obra de arte- acusadas de quebrantar las normas establecidas o cometer un pecado. Esta costumbre pagana, que fue común entre los germanos y otros pueblos antiguos, se ejecutaba de formas muy diversas. No obstante, casi todas consistían en pruebas de fuego. Ante el tribunal, el acusado debía sujetar hierros candentes o introducir las manos en la lumbre o en una hoguera. Si la persona salía de la prueba indemne o con pocas quemaduras significaba que Dios la consideraba inocente y, por tanto, no tenía que recibir ningún castigo.

The road

Cuatro sugerencias de la Revista 2/2010, nº 242pág. 9. La noche de los tiempos, Muñoz Molina. No la he leído.
pág. 20. La carretera, McCarthy.
pág. 23. Cuatro hermanas, Carleton. LO QUE HE PEDIDO.
pág. 33. La voz, Indridason. No la he leído (aún).(Si miran las entradas anteriores etiquetadas como Círculo de lectores, verán más títulos que siguen apareciendo en esta revista).