Puede ser por culpa. A veces, escuchamos una voz interior que nos dice que no vamos a poder, que escribir no es una profesión redituable, que sólo vamos a perder el tiempo. Lo importante sería reconocer de dónde nos vienen esas ideas. Si nos auxiliamos de la teoría de Eric Berne, quien reconoce como las tres principales voces interiores al yo niño, que se caracteriza por ser lúdico, creativo, con imaginación desbordada; el yo adulto, que sigue las reglas, aprende técnicas, es moral, y el yo padre, que puede ser punitivo, que descalifica, censura, regaña, o bien, constructivo, que ayuda a crecer. Tendríamos que entrenarnos para escuchar aquellas voces que nos ayuden a crear y aprender a descalificar las que nos paralicen. Para todo escritor, escribir es una necesidad. Si somos capaces de alejarnos de la pluma y el papel sin dolor, sin sentirnos anulados, mejor dediquémonos a otra cosa.
[Fuente: Guillermo Samperio, “Cómo se escribe un cuento», 2008]


