El mundo azul. Albert Espinosa

ESPINOSA_CaosEspinosa tiene ahora 41 años y pasó de los 14 a los 24 en hospitales. Perdió una pierna a causa de un cáncer. Esta experiencia nutre varios de sus libros, así como películas, series de TV y obras de teatro en las que ha trabajado como guionista o director.

El mundo azul tiene una materia narrativa mínima. Grupos de personas, por edades, pasan los últimos días de su vida en una isla. El protagonista es desahuciado justo antes de cumplir 18 años y su experiencia en el Grand Hotel se convertirá en una revelación que podrá dejar a otros sobre el sentido de la vida. Se dan pocas explicaciones sobre lo que ocurre, porque lo que quiere el autor es transmitir un mensaje. El libro se compone de una serie de máximas y reflexiones que van desgranando los protagonistas en sus diálogos.

La obra de Espinosa tiene un fondo bienintencionado: la importancia de la aceptación (amar lo que nos hace únicos), de compartir, de hacer de cada día un regalo o de no hacernos esclavos de nada. La debilidad de sus propuestas buenistas vienen del lado de la falta de consistencia ética: cada hombre es una ley de la naturaleza y nos debemos cumplir, desconfiar de todo tipo de normas y reglas, de lo que llama “el círculo vicioso de la obligación”. Uno de los personajes se declara en una ocasión “harto de tener miedo de las consecuencias de mis actos”. El componente principal de la sexualidad, por ejemplo, es la naturalidad y la espontaneidad; la expresión de la entrega y el sentido de compromiso serían manifestaciones de cómo los hombres “complicamos las cosas”.

Es fácil empatizar con el propio Espinosa y con muchos de sus personajes (de esta novela, de Pulseras rojas o de Si tú me dices ven…), y es obvio su propósito positivo de ayudar en contextos de dolor, enfermedad y muerte, pero la orientación de sus propuestas es débil cuando no vacía. Ama tu caos, nos dice, entendiendo el caos como la personalidad sin juicio ni moral. Esto convierte sus libros, sin pretensiones desde el punto de vista literario, en una simplista apología del mundo emocional. Que esto sea el corolario de la finitud de la existencia y de la experiencia del dolor es una conclusión que el autor no justifica por ningún lado.

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