Rey Arturo

Me rindo con La muerte de Arturo, de Malory. Llevo más de un año con el libro atascado y se acabó. He leído 200 págs de las 800 y ni una más.

Malory, inglés, publicó en 1485 una reconstrucción del Ciclo de Lanzarote, la Vulgata artúrica francesa.

En España estaba pulcramente editado por Siruela. En el 2005 el Círculo de Lectores les superó y sacó dos volúmenes insuperables: tela, formato casi cuadrado de fácil lectura, ilustraciones de Aubrey Breadsley, un gustazo, lo tuve que comprar. El inevitable García Gual firma una introducción animante y mentirosa: dice que es moderno, breve y escueto, ágil. La realidad: es repetitivo hasta la náusea y está lleno de exageraciones, es imposible hacerte con un personaje de carne y hueso e interesarte por él. A lo mejor más adelante mejoraba, pero ya no seré yo quien lo compruebe.

Les recomiendo sobre la cuestión, de la época, las novelas francesas de Chrétien de Troyes y, moderna, la versión de Steinbeck (Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, en Edhasa). Hay una peli reciente que a mi me gustó, El Rey Arturo, con Clive Owen y Keyra Knightley. Antiguas recuerdo Excalibur, un tanto escabrosa y truculenta, con una banda sonora impresionante.

Chesterton


Me pasa con Chesterton que lo admiro pero no lo amo. Me encandila el personaje y me aburre el escritor.

A FAVOR
1. Inteligente, lúcido, irónico, paradójico, temible adversario dialéctico. Para mi son puntos clave en un escritor.
2. Amable, positivo, divertido.
3. Se tomó en serio su fe y quiso y supo defenderla. Ayudó a mucha gente. El año pasado leí, y me impresionó, Escritores conversos, de Pierce: no me podía imaginar el terremoto espiritual que provocaban cada uno de sus libros y artículos, y entre intelectuales, ¡y además anglicanos!

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Diario de lectura del Ulysses

En junio de 2004, centenario del archifamoso “paseo” de Leopold Bloom, me lancé a una aventura mil veces postergada: la lectura del Ulysses de Joyce.

Encontré más interesante la experiencia de leerlo e intentar desentrañarlo un poco que el propio libro. Esto me enfadó, porque es lo que pretendía el propio Joyce.

En conjunto me lo pasé bien y sé que algunos entenderán por qué. Eso sí, no volvería a leerlo. Me entretuve en escribir una especie de diario de lectura.

Si alguien se atreve, que busque la edición de Cátedra de la que hablo.