Los cuadernos de Luis Vives. Umbral joven escritor

cuadernosEstos Cuadernos, reelaborados por el autor, nos muestran al adolescente-joven que va convirtiéndose en escritor. Me ha gustado tanto como sus demás libros memorialísticos, es decir, mucho. Casi nueve folios de notas me han salido. Habla mucho de su madre, de sus amigos, de los escritores que le inspiraban, de las mujeres de las que se enamoraba y de las que pagaba a cambio de sexo. El tema central es su vocación a la literatura. Pocas veces he visto explicar las cosas tan bien, y he leído muchos libros parecidos a este. A por el siguiente: La noche que llegué al Café Gijón, su desembarco en Madrid.

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Umbral y Cocteau

COCTEAUMemorias de un niño de derechas está dedicado a la infancia y primera adolescencia del autor. A lo que ocurría en España en esos años más bien. Me ha gustado bastante como retrato de época. Los usos sociales, la política, lo español, los enchufados, los opositores, las sirvientas, las vespas, el cine, los toros, el fútbol. Todo con su descaro y estilo habituales. Y sus obsesiones (gran atención al despertar sexual y a las trabajadoras del sexo).

De aquí sale otra lectura (Opio, unos diarios de Cocteau) que busco enseguida y leo paralelamente: me han encantado. Habla bastante de la droga pero también de muchas otras cuestiones, sobre todo artísticas. Brillantes intuiciones y personalísimo estilo. Todo un personaje.

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El Umbral más interesante

UMBRALYa nos había mostrado su vasto conocimiento de la literatura española en su Diccionario de literatura y en Las palabras de la tribu, y ahora amplía la mirada. En ¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary? Se recogen casi unas cuarenta semblanzas de protagonistas de la cultura europea, mayoritariamente escritores. En francés (Stendhal, Flaubert, Gide, Proust, Simenon; Baudelaire, Verlaine, Breton, Apollinaire, Cocteau; Voltaire, Sartre, Lefèbvre), en castellano (Cervantes, Clarín, Sawa, JRJ, Miró, D’Ors, Pla, Cunqueiro, Cela, Hierro), en inglés (Wilde, Kipling, Joyce, Woolf, Pound, Greene) o en otras lenguas (Kierkegaard, D’Amicis, Rilke, Saramago). Y algunos pintores (Van Gogh, Magritte, Dalí).

Tantas cosas. Buen olfato, gracia para decir y mirada de lector agudísimo. Y la continua sorpresa del estilo. Por ejemplo, la adjetivación a base de sustantivos (el optimismo “epocal”, un mundo glorioso y “funeral”, etc).

El tipo de cosas que dice, por ejemplo, del Ulises:

No hay que escribir grandes libros porque es como levantar catedrales góticas, que terminan en las postales. El gran libro produce rechazo por exceso de significación. Todo gran libro se convierte en pedagógico, pasa a ser rehén de los educadores y los ministros, quienes piensan que de ese tomazo hay que sacar algún provecho moral o cívico (no creen en la mera literatura ni les gusta).