Estrenar títulos

Un propósito de hace unos años al que nunca me he atenido rigurosamente pero que anda ahí, flotando. Inspirando. Estrenar algún título cada día. Ojo, título que no volumen: puede tratarse de una relectura de Los tres mosqueteros (700 págs) o de una conferencia de H. James (12 págs). Ojo, estrenar que no necesariamente leer: puede ser leído por encima.

Borges, una felicidad

Cada línea de Borges, una felicidad. Creo que lo dijo él mismo de algún otro. Da igual sobre lo que escriba, aunque sea algo que me interesa tan poco como la vida de Evaristo Carriego o la poesía gauchesca. El lenguaje es plastilina en sus manos, su inteligencia encuentra siempre los matices adecuados para describir una situación o transmitir una impresión. Un maestro. En cada línea me sorprende: nunca se me hubiera ocurrido decirlo así y, ahora visto, no se podría decir mejor, luego…evidentemente, yo no soy Borges.

Hablar de libros

Lo que más me gusta de los libros, después de leerlos, es hablar de ellos, pero sólo después. Quiero decir que si tengo que elegir entre leer o hablar de libros, escojo leer. Y no digamos ya entre leer o hablar de cosas que me interesan menos que los libros, que son casi todas.

Alterno lectura-ocio con lectura-estudio, ambas de calidad, la primera como un respiro de la segunda, que es la que me interesa. La lectura-estudio es un esfuerzo/placer para aprender o para escribir sobre el libro o el autor.

Aún no tengo claro respecto a los libros si, más que todo esto, lo que me gustaría realmente es escribirlos. No son cosas excluyentes. Considero la escritura algo mucho más serio y comprometido que la lectura, de una responsabilidad por hacerlo bien que, al menos hasta ahora, me atenaza.

Hacer crítica es más peliagudo que leer pero también menos que crear escribiendo. Se supone que el que analiza textos debe tener cosas que decir, razones, no simples “me gusta” o “está bien”. Leer es sólo para ti, y, por ejemplo, no has de avergonzarte ante ti mismo de que te guste algo que no es bueno.