Gaignault. Diccionario de literatura para esnobs

Me ha gustado mucho. Poco más de 200 entradas, la mayoría franceses, pocos hispanos (Llop, Gómez Dávila y Aub). Edición preciosa a dos tintas (rojo y negro), papel crema y elegantes ilustraciones hechas ex profeso. Autores, movimientos, expresiones, lugares, términos literarios, revistas. El autor demuestra una erudición extraordinaria, a la vez que rigor y sentido del humor. Es un libro sobre lo que gusta a un esnob: literatura de culto, autores “raros”, dandys, chic bohemia, jet-set artística, contracultura, underground, malditismo y outsiders. El tipo de libro de los que intento siempre mantenerme alejado (generan siempre listas de más lecturas). Sin éxito, como se ve. Tienen cosas parecidas Vila-Matas, De Prada (casi lo que más me ha gustado de él, sus Desgarrados y excéntricos), Schwob y Bolaño (éste con autores inventados). El NOTABLE que le pongo es ALTO.

Sobre gustos hay mucho escrito

Tres notas tomadas de Memorias de un librero, de Héctor Yánover.

Un diálogo.
– Nosotros no compramos libros a particulares, ¿por qué no los guarda para usted?
– ¿Para mí? No. ¿Qué voy hacer yo con una colección de libros?
– ¿Leerlos?
– ¿Yo? ¡Qué me voy a poner a leer, si ya tengo treinta y ocho años!
– ¿Y eso, qué tiene que ver?
– Además, estoy soltero. ¡Qué me voy a poner a leer!

Nadie sabe por qué se vende un libro.

Sainte-Beuve: “Cuando el ignorante proclama que sobre gustos no hay nada escrito, la verdad es que sobre gustos no hay nada leído; por él, claro”.

 

Artículos de S. J. Perelman

Perelman (1904-1979) fue autor de una novela y ganó el Óscar por el guión de La vuelta al mundo en 80 días. Pero sobre todo escribió a lo largo de su vida más de quinientos sketches humorísticos, que fueron publicados a lo largo de más de cuarenta años en The New Yorker y otras revistas. Los fue recopilando en sucesivos libros pero hasta ahora no había una selección en castellano.

Estas cuarenta y dos piezas breves son un muestrario cronológico de los de temas (la publicidad, Hollywood, la vida corriente) y formatos (relato, cartas, diálogo teatral) que este sofisticado judío neoyorquino empleaba para satirizar la vida norteamericana. Largos y sugestivos títulos van introduciendo piezas que presentan a personajes hipocondriacos o cobardes, intelectuales pedantes o gente normal que intenta montar un mueble, sacarse una muela o ligar en un bar. Se inspiraba con frecuencia en anuncios publicitarios y en revistas pulp norteamericanas.

La prosa de Perelman es juguetona y muchas veces disparatada, pero también culta e inteligente. Su estilo de humor tiene un gran componente textual. Los juegos de palabras, dobles sentidos, neologismos y metáforas pierden irremisiblemente al ser vertidos a otra lengua. Sí nos llegan en cambio su uso de lo inesperado, las alusiones oblicuas y las indefensiones múltiples a las que se ve envuelto el ciudadano común de un país rico. Sus hipérboles resultan verdaderamente graciosas y es imposible no reaccionar a su imaginativa y alocada inversión del sentido común. También conviene saber que su humor no es amable: su visión es cáustica muchas veces y su ironía puede resultar devastadora. Sus trabajos para los hermanos Marx y su magisterio sobre Woody Allen son ilustrativos de su modo de enfocar las relaciones humanas.